He leído en redes sobre la existencia del término “amigas cactus” —y su contraposición, las “amigas bonsái”— y me he preguntado cuánto hay de peligroso en esa metáfora.
Incluso lo resistente necesita un gesto, una luz, una presencia que confirme el vínculo. Romantizar la falta de cuidado convierte la fortaleza en excusa para la ausencia.
Las amistades que perduran no lo hacen porque no necesiten nada, sino porque ambas partes saben ofrecer lo justo cuando toca.
No es dependencia: es el mínimo cuidado para que la raíz no se seque.
Quizá la clave sea no confundir fortaleza con abandono.
No hay comentarios:
Publicar un comentario