Quien se preocupa, sigue.
No con discursos cuidados eligiendo cada palabra, sino con presencia; mínima, adaptada, respetuosa y silenciosa.
Quien cuida, no escribe un mensaje para descargar y sanar su conciencia. Sin más propósito que aliviarse y sin revisar conductas.
Cuando alguien quiere cuidar, se nota incluso en el silencio.
Quien dice “aquí estaré” y luego no está, ya habló.
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