He transitado un duelo en el que no hay muerto.
Al principio no podía creer lo que estaba pasando. Cuando alguien desaparece de repente, sin aviso, el primer instinto es no creerlo. Buscar una explicación. Pensar que hay un error.
Después vinieron semanas viviendo en la ira. Borrando mensajes, borrando recuerdos, borrando rastros de algo que creía sólido.
Sin negociación. Sin depresión. Un día me di cuenta de que ya no dolía igual. De que seguía adelante y el peso era menor. Así llega a veces la aceptación: sin que nadie te avise, sin un momento concreto. Solo un día ya no es tan grande.
Me he despedido de una persona que fue importante y ahora no es nada.
No se ha muerto. Pero es como si.
No hay comentarios:
Publicar un comentario