sábado, 1 de agosto de 2026

Tocón seco

Hay versiones de nosotras que vamos dejando atrás sin darnos cuenta. Algunas se van despacio, como las hojas en otoño, y cuando miras el árbol ya no están. Otras desaparecen de golpe y el hueco que dejan tarda en llenarse de otra cosa.

Yo ya no seré nieta nunca más. Esa rama se cerró y con ella se fue una parte de mí que solo existía en esa relación, en esa mirada, en ese lugar concreto del mundo.

Siempre seré madre. Esa versión no caduca, crece y cambia pero no desaparece.

Y luego están las que uno no esperaba perder. Fui amiga fiel de alguien durante años. En esa rama ya no hay nada. No habrá frutos, no habrá nuevas hojas. Solo un tocón seco que recuerda que ahí hubo algo.

Crecerán nuevas ramas, otras se secarán. El árbol cambia, pero las raíces que lo sostienen permanecen.

Eso también soy yo. Todo lo que fui y ya no soy. Todo lo que sigo siendo, de todas formas.

jueves, 30 de julio de 2026

Me pregunto

Me pregunto a quién llamarás cuando no encuentres un libro, cuando los grupos de Telegram dejen de servirte, cuando necesites a alguien que sepa exactamente lo que necesitas sin que tengas que explicarlo.

Me pregunto en quién pensarás cuando tengas dudas. Cuando duela. Cuando suenen Los Planetas, o Sidonie, o Taylor Swift.

Para salir, para comer, para la fiesta todo el mundo vale. Pero no todos te sostendrán como yo lo hice.

Me pregunto si alguna vez caes en la cuenta de quién perdió más en todo esto.

Porque yo ya lo sé. Perdiste a alguien que estaba. Yo solo perdí a alguien que llevaba tiempo sin estarlo, que aparecía para pedir y desaparecía para el resto. Hasta que volver fue imposible.

No es lo mismo echar de menos a alguien que echar de menos lo que te daba.

miércoles, 29 de julio de 2026

Palabras que deberían pesar

Hay frases que hemos dicho tantas veces que ya no significan nada. Se sueltan solas, sin pensar, como un reflejo. A ver cuando quedamos. Tenemos que vernos. Nadie las toma en serio, nadie las espera cumplir. Son el ruido amable de la conversación y todo el mundo lo sabe.

Pero hay otras frases que deberían pesar. Que deberían pensarse antes de decirse, porque cuando las escuchas, las guardas. Sois mi familia. Yo aquí estaré siempre. Esas no suenan a relleno. Suenan a promesa.

Y cuando no se cumplen, el problema no es la decepción. Es que alguien las dijo sin medir lo que estaba poniendo encima de la mesa. Sin pensar en quién las iba a recoger.

Las palabras no son inocentes solo porque no se firmen.

lunes, 27 de julio de 2026

El borde o el centro

Siempre he empezado los puzles por el borde. Primero el marco, la estructura, los límites. Una vez definido el contorno, ya se puede rellenar lo de dentro. Es metódico, es seguro. O eso creía.

Mi hija pequeña cogió uno el otro día y empezó por el centro. Por la imagen principal, por lo que le llamaba la atención, sin preocuparse de dónde terminaba todo. La observé sin decir nada. Funcionaba.

Hay gente que necesita el marco antes de saber qué poner dentro. Y hay gente que sabe perfectamente qué quiere en el centro y construye alrededor de eso. Ninguna forma es la incorrecta. Solo son formas distintas de llegar al mismo sitio.

Lo que me pregunto es cuántas veces he confundido mi método con el único método. Cuántas veces he empezado por el borde cuando lo que de verdad importaba estaba en el medio.

sábado, 25 de julio de 2026

La madeja

He pasado meses deshaciendo la madeja. Separando el grano de la paja, destilando, aprendiendo a mirar de frente lo que dolía. Escribiendo, sobre todo escribiendo, porque es la única forma que conozco de entender lo que me pasa.

Tú, supongo, estarás escuchando podcasts sobre la vida que quieres. Haciendo los ejercicios de aquella coach que te ayudaba a diseñar tu futuro. Respirando hondo, poniendo intención, manifestando.

No digo que esté mal. Digo que no es lo mismo.

Yo estaba en el lío. Tú estabas en el discurso sobre el lío. Y hay una diferencia enorme entre las dos cosas, aunque las dos parezcan trabajo.

Puedes diseñar toda la vida que quieras. Puedes construir castillos con palabras bonitas, con ejercicios de gratitud y propósitos de año nuevo. Pero una vida no se sostiene sobre visualizaciones. Se sostiene sobre lo que haces cuando nadie te está mirando, sobre cómo tratas a quienes te han dado todo, sobre los cadáveres que dejas en el camino mientras manifiestas tu mejor versión.

Eso no lo arregla ninguna coach.

viernes, 24 de julio de 2026

P. Sherman, calle Wallaby 42, Sídney

Hoy vengo a decir que lo mejor de Disney no son las princesas. Son esos personajes que, sin pretenderlo, te dicen algo verdadero sobre la vida.

Dori, la pez cirujana azul de Buscando a Nemo, tiene pérdida de memoria a corto plazo. Olvida casi todo casi siempre. Y sin embargo, en medio de ese olvido constante, había una dirección que permanecía (P. Sherman, calle Wallaby 42, Sídney). La dirección de su casa. Su recuerdo ancla. El lugar al que volver cuando todo lo demás se perdía.

En Inside Out, Riley tenía recuerdos núcleo. Bolas doradas que brillaban más que el resto porque no eran solo momentos, eran los cimientos de quién era. Y la película mostraba algo importante: que los recuerdos más valiosos no son siempre los más felices. Que a veces los que más pesan son los que mezclan las dos cosas, alegría y tristeza, porque esos son los que te dicen la verdad sobre lo que importa.

Todos tenemos un lugar así. Un recuerdo, una imagen, una sensación a la que volver cuando el resto falla. Quizás no lo tenemos identificado. Quizás no lo reconocemos hasta que lo necesitamos de verdad.

Siempre hay un sitio feliz al que volver. A veces solo hay que recordar dónde está.

jueves, 23 de julio de 2026

Desde que no estás.

 Desde que no estás soy más fuerte.

He tardado en entenderlo. Durante demasiado tiempo pensé que las cosas cambiarían, que solo necesitaban tiempo, que había que aguantar porque así funcionan los vínculos importantes. Porque era mi amiga de siempre. Porque era familia. Porque llevábamos años. Como si el tiempo acumulado fuera una deuda que hay que seguir pagando.

Pero hay cadenas que se disfrazan de lealtad. Y yo las llevaba puestas sin darme cuenta, convencida de que sostener era querer, de que aguantar era virtud. No lo era. Era miedo a soltar, a decepcionar, a ser la que rompe algo que en realidad ya estaba roto.

Aguanté de más. Y cuando por fin puse el límite, descubrí algo que no esperaba: que era capaz. Que la espiral en la que llevaba demasiado tiempo no era inevitable. Que soltar el lastre no me hundía. Me dejaba respirar.

Ahora tú tienes que cargar con tu propio peso, sostenerte sola. No me extraña que necesites podcasts, coaches y ejercicios para diseñar una vida ideal.
Cuando llevas años siendo sostenida por otros, aprender a tenerse en pie cuesta.

Desde que no estás soy más fuerte. Y eso lo dice todo.

martes, 21 de julio de 2026

El autocuidado, esa excusa.

Escuchando a Victoria Martín en una entrevista sobre su nueva serie, dijo algo que me quedó dando vueltas: que el autocuidado puede ser la peor palabra que hay.

Y tiene razón.

Hemos aprendido a hablar de salud mental, y eso es importante. Pero como todo lo importante, se ha convertido también en un arma. En la excusa perfecta para no hacerse cargo, para no asumir la parte que te toca, para no tirar cuando toca tirar. No puedo, es salud mental. No voy, es autocuidado. No me hago responsable, me estoy cuidando.

Hay gente que no puede. De verdad que no puede, y no hablo de eso. Hablo de los que sí pueden y eligen no hacerlo. De los que han convertido su malestar en el centro de todo y en la justificación de cualquier cosa. De los que llevan años en terapia, lo han probado todo, y siguen sin asumir que algo de lo que pasa también es suyo.

Y en ese camino, sin darse cuenta, se van convirtiendo en algo que la terapia debería evitar: personas que solo se ven a sí mismas. Que miden todo en función de cómo les afecta, que han perfeccionado tanto su narrativa del sufrimiento que ya no hay espacio para nadie más. El autocuidado mal entendido no cura. Fabrica narcisistas con muy buena conciencia.

Hacerse cargo no es ignorar el dolor. Es no usarlo como escudo.

sábado, 18 de julio de 2026

Al trescientos.

Hablamos mucho de poner límites. Poco de lo que pasa cuando dejas de tirar y descubres que sin tu esfuerzo algunas cosas no se sostienen.

No es una discusión. No es un enfado. Es algo más silencioso y más duro: darte cuenta de que llevabas años siendo el único motor de ciertos vínculos. Que proponer siempre, responder siempre, estar siempre, no era generosidad. Era supervivencia de una relación que sin ti no existía.

Sostener un vínculo en solitario no es estar al cien por cien. Es estar al trescientos. Y cuando la vida te pone en un momento en el que no tienes esa energía, cuando necesitas que alguien tire por ti, aparece la verdad. No con ruido. Con ausencia. Personas que tenían un lugar importante dejan de tenerlo en cuanto bajas la guardia. En cuanto no puedes más.

Ese es uno de los duelos más extraños. No lloras a alguien que se fue. Lloras a alguien que nunca estuvo del todo.

Y la vida es corta. Demasiado corta para seguir tirando de quien no solo no tira de ti, sino que te pone piedras y te quita la cantimplora.

jueves, 16 de julio de 2026

Yo creí que tenía una amiga

Yo creí que tenía una amiga.

Creí que era de las que se quedan. De las que están cuando el día se tuerce, cuando necesitas que alguien coja el teléfono, cuando lo que pasa es demasiado para cargarlo sola. De las que no hace falta explicarles mucho porque ya saben.

Estuve equivocada.

No fue una traición de golpe. Fue un desengaño lento, de esos que se van acumulando en silencio hasta que un día haces las cuentas y los números no cuadran. Las veces que estuve y no estuviste. Las veces que di sin que nadie preguntara si me quedaba algo. Las veces que esperé algo que no llegó.

Treinta y cinco años no se dan por perdidos de golpe. Se van gastando.

Y llegó un momento en que me quedé sin fe. No sin cariño, que eso es más difícil de apagar. Sin fe en que las cosas fueran a cambiar. Sin ganas de volver a intentarlo. Sin fuerzas para recuperar algo que ya no reconocía.

Así que no me fui enfadada. Me fui cansada. Que es mucho más definitivo.

Ahora estoy en ese lugar donde lo que te pase ya no me roza. No lo busqué. Lo construyó el tiempo, a su ritmo, mientras yo miraba hacia otro lado esperando que algo cambiara.

No cambió.

Y yo ya no estoy.

miércoles, 15 de julio de 2026

El mismo cuchillo



Sabías dónde dolía. Las heridas que no cierran del todo, las que siguen ahí aunque pase el tiempo, aunque finjas que ya no. Lo sabías.

No sé si fue consciente o si simplemente no te importé lo suficiente como para pensarlo. Pero el resultado es el mismo: hiciste exactamente lo que más daño podía hacerme.
De la misma forma, con el mismo silencio, con la misma ausencia que ya me rompió una vez.
Sin remordimientos, sin mirar atrás.

Sabías perfectamente cómo hacerme daño.
Y lo hiciste.
Te felicito:
Fuiste capaz de olvidar todo lo que hubo, de ignorar años enteros, y dar exactamente donde más iba a doler. Con una precisión que solo tiene quien te conoce de verdad.

Algunas personas no te clavan un cuchillo.
Te clavan el mismo que ya tienes.


(Gracias por todo y descansa en paz, ERP)

lunes, 13 de julio de 2026

Rutinas

 Hay una versión de mí que era más flexible. Que decía que sí a los planes de última hora, que no necesitaba saber de antemano qué iba a pasar ni cuándo. Pero hace tiempo que me he acomodado tanto a mis rutinas que cualquier cosa que las altere me parece una molestia. Un plan imprevisto, una visita, un cambio de última hora. Cosas que antes asumía sin más, ahora me cuestan el doble de energía anímica.

Soy consciente de lo limitante que es. Pero no me siento mal por ello.
Es donde estoy ahora, y hay cierta paz en saberlo.
Las rutinas también son una forma de cuidarse.

sábado, 11 de julio de 2026

Visto. (Te leyó, te soltó)

Hay algo en el "visto" que no tiene vuelta atrás. No es que no haya llegado el mensaje. No es que no hayas tenido tiempo. Es que lo leíste, lo procesaste y decidiste que no merecía respuesta. O que yo no la merecía.

El visto no es una ausencia. Es una decisión.

Pero el "visto" se acumula. Y llega un momento en que ya no hay explicación que lo cubra. Porque el visto también habla. Y nada dice "no me importas" tan claramente como leer un mensaje y no contestar.

Me dejaste en visto y acabé por entender el mensaje. No el que yo te mandaba. El tuyo. El que me estabas enviando sin contestar.

Que no estabas.

Que no querías estar.

Que era más fácil ignorar que decirlo.

Me dejaste en visto dieciocho días.

Y te bloqueé.

jueves, 9 de julio de 2026

Lo que no escribo

Llevo tiempo escribiendo sobre personas, sobre pérdidas, sobre cosas que dolieron. Y hace poco me di cuenta: si escribo sobre alguien, es que ya no me duele tanto como creía. Lo que realmente me duele no llega al papel. Se queda dentro, sin palabras, ocupando un sitio al que nadie puede entrar.

Mi escritura no miente. Soy yo la que mido sin darme cuenta.
Y también me curo sin notarlo.

martes, 7 de julio de 2026

El desván. (Para Emma Rodríguez Puente)

Quédate las fotos que guardas en un desván. Ya no las quiero.

Me las robaste hace años, igual que otras cosas que tampoco voy a reclamar. Las guardaste sin permiso, como si fueran tuyas, como si tuvieras derecho a quedarte con trozos de mí.

Algún día las encontrarás. Abrirás una caja, o un cajón, o cualquier cosa que uses para enterrar lo que no quieres ver, y estarán ahí. Y entonces recordarás el tipo de persona que fuiste. El tipo de persona que eras conmigo.

Espero que eso pese.

Quédatelas. Yo no tengo nada que quiera recordar. 

Y eso, viniendo de mí, lo dice todo.


lunes, 6 de julio de 2026

La apropiación terapéutica

Hace poco vi un programa de televisión hablando de un término que no conocía: la apropiación terapéutica. Personas que dicen "hay que cuidarse", "poner límites", "ser vulnerable", que manejan todo el vocabulario del bienestar emocional, y que sin embargo se comportan de forma egoísta y manipuladora. Narcisistas disfrazados de gente trabajada.

No encontré el término en ningún manual de psicología. Pero sí encontré la idea, mucho antes de que existiera el nombre. Christopher Lasch ya advertía en los años setenta, en La cultura del narcisismo, que ciertos aspectos de la autorrealización y el autoconocimiento podían convertirse en formas sofisticadas de egocentrismo.

Y detrás de buena parte de este fenómeno hay algo muy concreto: el coaching, tal y como se practica hoy, no está regulado en España. Cualquiera puede hacer un curso de fin de semana y llamarse coach de vida, coach emocional, coach de lo que sea. No hace falta titulación, no hay colegio profesional, no hay control. Ha habido incluso condenas por intrusismo a coaches que se hicieron pasar por psicólogos. Son gurús de nada, con la autoridad que les da un certificado sin valor y un discurso bien aprendido.

Construir una frase vacía no cuesta nada. "Mereces brillar." "Tu energía atrae lo que vives." "El universo conspira a tu favor." Frases que no significan nada concreto pero que suenan profundas, y que funcionan precisamente porque no se pueden discutir. Construir un ejercicio absurdo tampoco cuesta nada: escribe tres cosas por las que estás agradecida, visualiza tu mejor versión, corta el cordón energético con quien te hace daño. Y con eso, con frases vacías y ejercicios sin sustancia, es asombrosamente fácil convertir a alguien en un monigote. Alguien que repite el guion sin cuestionarlo, que confunde obediencia con sanación, que deja de pensar por sí mismo porque ya hay un manual que le dice qué sentir y cuándo.

El margen entre cuidarse y convertirse en un narcisista, o directamente en un gilipollas, es más estrecho de lo que parece. Y se cruza fácil. Empieza con un "esto es lo que necesito ahora" y termina con un "y a los demás que les den". El autocuidado real no necesita explicarse todo el tiempo, ni venderse en un posfondo motivacional. El que lo necesita constantemente, normalmente, está vendiendo otra cosa: una versión de sí mismo que le permite no responsabilizarse de nada. Hablan de poner límites mientras pisan los de los demás. Hablan de responsabilidad afectiva mientras desaparecen sin avisar. El autocuidado, mal entendido, es el timo perfecto: parece virtud y es excusa.

He conocido gente que, tras pasar por multitud de coaches de todo tipo, ha convertido su vida en una farsa. Papeles llenos de ejercicios para construir la vida soñada, frases subrayadas, propósitos redactados con buena letra. Y debajo de todo eso, la misma función de siempre: justificar lo injustificable con vocabulario nuevo.

La pregunta que hacían en el programa era sencilla y certera: cuánta distancia hay entre lo que dice esa persona y lo que hace. Ahí está siempre la respuesta.

domingo, 5 de julio de 2026

Siempre Volviendo.

En Punto de araña, Nerea Pallares escribe: "A veces, aunque te muevas, no viajas. A veces lo que pasa es que estás siempre volviendo."

Me quedé con eso. Y he estado pensando.

Puedes haber visto el Perito Moreno y la estatua de la Libertad, hecho safari en Kenia, buceado en Maldivas, recorrido México, entrado en antros en Cuba, pateado China de arriba a abajo, recibido buenas noticias en Ushuaia, pasado días en Nápoles, incluso comprar allí un coche. Puedes haber tenido un Stendalazo en Ronda que todavía no sabes muy bien cómo explicar. Y aun así perderte por completo. No en el mapa. En lo real.

Porque se puede acumular mundo y seguir sin habitar el propio. Se puede llenar el pasaporte y tener el interior sin sellar. Moverse mucho y no avanzar nada.

A veces viajar es la forma más elegante de no llegar a ningún sitio.

viernes, 3 de julio de 2026

Las gafas de espejo.

A los doce o trece años me empeñé en unas gafas de sol de espejo con montura granate. No era una niña caprichosa, pero aquellas gafas eran un sueño y no paré hasta conseguirlas. Las tuve y las disfruté. Y hacía años que no me acordaba de ellas hasta hoy.

También recuerdo perfectamente la mochila con la que iba a la playa todos los veranos, los bolígrafos con olor, los chinos de la suerte, algunos objetos que usé durante años en el colegio. Esos sí quedaron grabados en mí. Sin embargo hay infinitas cosas que no recuerdo y que en su momento me hicieron feliz. No sé muy bien por qué unos y otros no.

Hay cosas que queremos con una intensidad que parece imposible de sostener. Y después de conseguirlas, desaparecen. No de golpe. Simplemente dejan de ocupar sitio. No pasa solo con los objetos. Pasa con personas, con etapas, con versiones de nosotros mismos que un día fueron todo y luego dejaron de serlo.

Hay dolores que pensábamos que nos matarían y que, con los años, se fueron mitigando hasta casi no reconocerlos. Hay etapas enteras que la vida va dejando atrás mientras avanza.

Hace unos días soñé que estaba con mis abuelos en su casa. Mi abuela me iba a hacer caldo cuando me desperté. Lloré por ellos como cuando me faltaron, con una intensidad que no tenía desde hacía años. Me pasé el día llorando. Esa tarde me abracé a mi madre y seguí llorando abrazada a ella. Mis abuelos se fueron hace más de 20 años.

Hay personas que se quedan para siempre en nosotros, que siguen aquí mientras avanzamos y no se van. Hay otras que se quedan en un cajón, con las gafas de espejo y la mochila de la playa.

jueves, 2 de julio de 2026

El coste del silencio

Hay una idea que me ronda la cabeza últimamente. La que dice que el problema no es lo que pasa, sino cómo reaccionamos. Que si aprendiéramos a contenernos, a esperar que se nos pase, a no dejarnos arrastrar, viviríamos mejor.

Lo leí hace meses en un artículo de El País Semanal que partía de un ejemplo llamativo: Elon Musk acusando a Donald Trump y pagando después el precio económico de hablar en caliente. La conclusión parecía evidente. Reaccionar sale caro. Desde ahí el artículo lo extrapolaba a lo cotidiano: amistades que se rompen, clientes que se pierden, relaciones laborales que se tensan. Expresar lo que uno siente aparecía casi como una forma de torpeza emocional. La propuesta era clara: contenerse, regular la emoción, no reaccionar.

Hasta ahí todo parece coherente. Pero hay algo que ese texto no se preguntaba en ningún momento: ¿qué se pierde cuando dejamos de reaccionar?

No todo arrebato es inmadurez. No toda contención es sabiduría. A veces cuando nos invitan a callar no se nos está enseñando a vivir mejor. Se nos está enseñando a no incomodar. Y hay una diferencia enorme entre las dos cosas.

No reaccionar no siempre es un gesto interior. Muchas veces es una exigencia social. Callar para no perder un vínculo. Callar para no parecer excesivos. Callar para no ser el problema. El mundo funciona mejor cuando la gente no dice lo que siente. Te vuelves más funcional, más previsible, más manejable.

Pero el coste de no decir las cosas también existe. Solo que es menos visible. Se acumula, se somatiza, se convierte en cinismo, en desgaste, en una calma que no es paz sino agotamiento. En distancia de lo que te importa.

No reaccionar ahorra conflictos en la misma medida que ahorra verdad. Y puede que, a largo plazo, el precio de esa serenidad no sea la calma, sino la pérdida progresiva de algo mucho más difícil de recuperar: la capacidad de decir cuándo algo ha dejado de ser tolerable.

No todo enfado es ruido. No toda reacción es inmadurez. Y no todo silencio es sabiduría.

A veces reaccionar no es perder los papeles. Es la única forma de no perderse a uno mismo.

miércoles, 1 de julio de 2026

Reglas de manada

Los animales que viven en manada tienen reglas. No escritas, no negociadas, pero presentes y conocidas por todos. El alimento se reparte. El espacio se comparte. El grupo funciona porque cada individuo, en algún momento, pone al conjunto por delante de sí mismo. Los que no lo hacen son expulsados, ignorados o simplemente no vuelven a ser invitados.

Los humanos llevamos haciendo lo mismo desde que vivíamos en cuevas. Las tribus sobrevivían porque había un código tácito: lo que es de todos es de todos, y nadie come solo mientras otro pasa hambre. No hacía falta escribirlo ni explicarlo. Se sabía. Y quien no lo sabía, quedaba fuera.

Esas reglas no han desaparecido. Siguen operando en los grupos modernos, en las reuniones de amigos, en los viajes compartidos, en cualquier espacio donde varias personas deciden, temporalmente, formar una unidad. No hacen falta acuerdos explícitos. La mayoría lo entiende de forma instintiva, casi sin pensarlo.

Pero hay quien no lo entiende. O quien, entendiéndolo, decide que no aplica en su caso. Que sus necesidades son más urgentes que las del grupo. Que lo que está sobre la mesa es suyo aunque lo hayan puesto entre todos. No siempre es maldad consciente. A veces es simplemente una forma de estar en el mundo que sitúa el núcleo propio por encima de cualquier otra cosa. El problema es que esa forma de estar en el mundo no funciona en manada.

Y las manadas, aunque no lo digan, lo notan siempre.

martes, 30 de junio de 2026

Desvalorización.

Hay cosas que no se compensan con el tiempo.
Treinta y cinco años de recuerdos, de momentos, de todo lo que construyes con alguien, pueden perder su valor de golpe. No hace falta mucho. A veces basta una sola cosa, dicha o hecha en el momento equivocado, para que todo lo anterior quede en entredicho.

La falta de respeto no borra los recuerdos.
Los envenena.

domingo, 28 de junio de 2026

Di la verdad, Emma Rodríguez Puente

 Ni se te ocurra decir que te abandoné. Ni que te dejé en la estacada, ni que dejé de contestar. Porque no es eso lo que pasó.

Di que no estuviste a la altura. Que te perdiste en discursos emocionales y cuando llegó el momento de volver, no supiste cómo. Que repasando nuestra historia con honestidad, te salió a deber. Que nunca preguntaste por mí, que el mundo siempre giró sobre tu eje y cuando dejó de hacerlo, me dejaste caer. Que toda la conversación era tuya y todo el apoyo, mío.

Puedes contarlo como quieras. Puedes construir tu versión, limpiarla, darle la forma que necesites hasta que no reconozcas tu imagen. Hasta que ya no dejes nada en pie.

Las dos sabemos qué pasó. Y una de las dos va a tener que vivir con eso.

Construye lo que quieras. Pero antes repasa sobre qué lo estás levantando.

sábado, 27 de junio de 2026

Ni una lágrima

No he llorado. Ni una lágrima.

Llevo meses dolida, sintiendo esta pérdida como un duelo. Y sin embargo no he llorado. Yo, que lloro con el anuncio de la lotería, con Inside Out y con algún capítulo de Stranger Things, no he derramado ni una lágrima por esto.

Me extraña, pero no me inquieta. He llorado mucho a lo largo de mi vida. Por personas, por momentos, por cosas que importaban de verdad. Quizás el cuerpo sabe lo que la cabeza tarda en admitir. Quizás las lágrimas, como el tiempo, no se malgastan en cualquier cosa.

No he derramado una lágrima. No sé si eso dice algo de mí o dice algo de lo que perdí.

jueves, 25 de junio de 2026

2026. El año de rupturas que parecían imposibles.

¿Quién nos iba a decir hace un año que estaríamos así?

Este 2026 está siendo un año de rupturas que parecían imposibles. Andy y Lucas, veinte años de dúo y de amistad que se rompió por dinero y una traición. Abascal y Ortega Smith, que construyeron juntos un partido desde cero y hoy están en lados opuestos. Ana Milán y Sebastián Gallego, que compartían risas y confidencias en un podcast y un día dejaron de hacerlo sin que nadie explicara muy bien por qué.

Y yo, que dejé atrás un lastre, una rémora. Alguien que durante décadas ocupó sitio sin aportar nada, que pesaba sin que yo me diera cuenta de cuánto. Que ha sido capaz de alejarse de mí y de los míos sin mirar atrás.

Echo de menos a veces esa idea irreal que yo tenía. 

Pero respiro mejor.

martes, 23 de junio de 2026

El mínimo

Creía que era de las que aguantan todo. Y en parte lo soy. He aguantado silencios, ausencias, medias verdades y promesas que se fueron deshaciendo solas. He dado margen, he esperado, he justificado lo que no tenía justificación.

Pero hay cosas que no tolero. Las traiciones. La deslealtad disfrazada de amistad. A quien muerde la mano que le dio de comer, o que algún día se la dio, cuando ya no le resulta útil. A quien recibe y luego actúa como si nunca hubiera recibido nada.

Para mí la lealtad no es negociable. El respeto tampoco. La sinceridad tampoco. No son virtudes que admiro desde lejos, son el mínimo desde el que yo opero y desde el que espero que operen los que están a mi lado.

Y cuando alguien no llega a ese mínimo, no me enfado. Me retiro. Sin ruido, sin escena, sin darle más de lo que merece.

Que es exactamente lo que hice contigo.

domingo, 21 de junio de 2026

No sé qué es peor (Para Emma Rodríguez Puente)



Hay personas que tienen de ti absolutamente todo. El tiempo, la presencia, la verdad. Lo que no dices a casi nadie. Lo que cuesta. Lo que duele. Todo.

Y aun así, cuando las necesitas, no están.

Me dejaste dando tumbos en mitad del camino. Sin mirar atrás. Sin preguntarte si seguía avanzando. Como si todo lo que di tuviera fecha de caducidad y yo no me hubiera enterado.

Mis hijas preguntan. Y no tengo respuesta. Solo tengo la verdad: que te dije que estaba devastada, que habían sido unos meses muy duros, y que desapareciste. Así. Sin más.

Lo que más me rompe no es la ausencia. Es la versión que estoy segura te has construido. Una en la que yo soy la mala, en la que tú sales limpia, en la que de alguna manera que no alcanzo a entender el problema está en mí. Espero que cuando te mires al espejo no te mientas y recuerdes exactamente qué pasó. Y vivas con ello.

Di hasta el último momento. Hasta cuando no tenía nada que dar. Hasta cuando yo también estaba rota. 

Y aun así estuve. Porque así entendía yo la amistad. Porque así te quería.

No fue suficiente. O sí lo fue, y por eso ya no me necesitabas.

No sé qué es peor.


(Para E.R.P. que descanse en paz)

viernes, 19 de junio de 2026

Ya sé quién soy

No todo tiene que tener una lección.

A veces las cosas pasan, las transitas como puedes, y cuando terminas no eres mejor ni peor. Solo diferente.
O igual.
O simplemente has sobrevivido.

No necesito sacar aprendizaje de cada golpe. No necesito convertir cada pérdida en crecimiento. No necesito perder para encontrarme.

Ya sé quién soy.

jueves, 18 de junio de 2026

Lo que queda


Quedan 21 publicaciones programadas a tu nombre.
De mí ya no recibirás nada más.
No te volveré a nombrar.

Hacer bum

En Mi planta de naranja lima, Vasconcelos escribe que matar no es coger un revólver y hacer bum. Que se mata en el corazón. Que vas dejando de querer a alguien y un día esa persona se ha muerto.

Tardé en entenderlo. Pensaba que perder a alguien requería un momento concreto, una ruptura, algo que pudiera señalar. Pero no siempre es así. A veces es un enfriamiento tan lento que ni lo notas hasta que un día buscas el afecto y no encuentras nada. Silencio y vacío.

Estás muerta para mí. Y ahora sé, con la misma certeza, que lo estoy para ti desde mucho antes. No hubo disparo. Solo dos personas que fueron dejando de querer, cada una a su ritmo, sin decírselo, hasta que no quedó nada que sostener.

Así se muere sin funeral.

martes, 16 de junio de 2026

El listón

Hay cosas que llevamos años diciéndonos que vamos a hacer: mejorar el inglés, hacer ejercicio de fuerza, comer menos procesados, llamar más a esa persona, ordenar eso que seguimos aplazando. Propósitos que no llegan a nada.

Pero si alguien nos falla, lo notamos. Lo recordamos. A veces lo guardamos. No somos tan tolerantes.

A nosotros siempre nos encontramos una justificación. No hubo tiempo. No fue el momento. Ya llegará. Con los demás el listón está más alto y la memoria más afilada.

No sé si eso nos hace hipócritas. Creo que nos hace humanos. Pero hay una diferencia entre entenderlo y instalarse en ello. Quizás poner más expectativas en el prójimo que en nosotros mismos no sea el camino.

domingo, 14 de junio de 2026

Aristas

Si le caes bien a todo el mundo no eres una persona interesante. He dicho.

Significa que tu opinión no molesta a nadie. O que no la has dado nunca. O que la has ido ajustando según el público, calibrando cada palabra para no generar fricción, para no perder a nadie.

Caer bien es cómodo. Pero tiene un precio: para caerle bien a todo el mundo hay que ser un poco distinta con cada uno. Y en algún momento, en algún sitio, dejas de saber cuál eres tú.

La gente interesante incomoda. No porque quiera, sino porque tiene criterio propio y el criterio propio, tarde o temprano, choca con el de alguien.

Si algo he aprendido en esta vida es a desconfiar de esos seres carismáticos a los que todo el mundo parece adorar.

Y lo contrario también aplica. Si nadie te cae mal, algo falla. O no estás prestando atención, o estás mirando hacia otro lado, o te has convencido de que la bondad consiste en no tener filo. Es una entelequia. Una forma elegante de no comprometerse con nada ni con nadie.

La gente sin aristas no existe. Solo existe la gente que las esconde. Tener criterio propio tiene un coste. Pero no tenerlo también. Solo que ese no se ve.

viernes, 12 de junio de 2026

Empezó con una mota

La perla no nace de algo bueno. Nace de una intrusión, de una mota de polvo o de arena que se cuela en la concha sin permiso y sin aviso. Una pequeña agresión que el molusco no puede expulsar.

Entonces hace lo único que sabe hacer: cubrirla. Capa a capa, despacio, con nácar. No para olvidarla. Para sobrevivir a ella.

Y así, alrededor de algo que no debería estar ahí, crece una de las cosas más valiosas que existe.

Y no solo hablo de ostras.

miércoles, 10 de junio de 2026

Mentiras bien vestidas

Hay frases que son mentiras bien vestidas:
"Perdono pero no olvido."
"Envidia sana."
Oxímoron y contradicciones que usamos para quedar bien con los demás y con nosotras mismas.
Como si ponerle un nombre bonito a algo incómodo lo hiciera más aceptable. Como si la envoltura cambiara lo que hay dentro.
La envidia no es sana.
El perdón que no olvida no es perdón.

Son frases que nos absuelven sin que tengamos que cambiar nada.
Son coartadas.

lunes, 8 de junio de 2026

Arrancar de raíz

He estado viendo vídeos en TikTok sobre cómo cuidar un jardín. No tengo jardín.

En casi todos empiezan igual: antes de plantar, antes de regar, antes de cualquier otra cosa, hay que arrancar. La maleza, las malas hierbas, lo que crece sin permiso y se lleva el agua y la luz de lo que sí quieres que viva. Dicen que no basta con cortarla. Hay que sacarla de raíz, porque si dejas algo enterrado, vuelve.

Un jardín sano no es el que tiene más flores. Es el que sabe lo que no puede permitirse que crezca.

Y no solo hablo de jardines.

domingo, 7 de junio de 2026

Lo que no tiene alternativa.

Nunca fui de llamadas. Hablar no se me ha dado especialmente bien, y una pérdida auditiva que me acompaña hace años lo condiciona todavía más. Escribir, en cambio, siempre fue mi forma natural de comunicarme. Y durante años, lo hice en papel.

Cuando era pequeña pasaba los veranos en el pueblo de mis padres. En la adolescencia tenía allí mi grupo de amigas. Ellas se veían el resto del año. Yo no. Vivía lejos, sin móvil, con un teléfono fijo que costaba una fortuna usar.

Así que a veces cogía un boli y les escribía cartas. Para que no se olvidaran de mí. Para que supieran que pensaba en ellas aunque no estuviera.

En los largos inviernos, escribirles era también volver allí. Al calor de ese verano, a esas tardes, a esas personas que seguían su vida mientras yo esperaba que llegara julio.

Algunas me escribían de vuelta. Tras más de media docena de mudanzas he perdido todas esas cartas. Pero no he olvidado lo que era encontrar un sobre en el buzón con tu nombre escrito a mano. Alguien pensó en ti. Se sentó, buscó papel, escribió, buscó un sello. Nada de eso es inmediato ni fácil. Ahí estaba el valor.

Un pedacito de mí murió cuando dejé de escribir cartas porque ya no "hacían falta": emails, luego Facebook, Messenger, WhatsApp, DMs.

Ahora el buzón solo trae recibos, publicidad y, en el peor de los casos, algo de Hacienda. Como tantas cosas de la infancia, abrirlo dejó de ser motivo de ilusión.

He visto grupos de personas organizados para enviarse cartas periódicamente. Negocios en los que te dejas escrita una carta y ellos te la envían pasado un tiempo. Lo entiendo. Pero no será lo mismo.

Una carta tenía esa carga porque era la única opción. Escribías porque no había otra manera de llegar. Ahora sería un gesto bonito, casi un acto performativo. La nostalgia disfrazada de conexión.

Lo que hacía especial a una carta era que no había alternativa. Y eso ya no se puede recuperar.

viernes, 5 de junio de 2026

El programa del atardecer. Jung tenía razón: La segunda mitad pide otra cosa.

Jung decía que no podemos vivir el atardecer de la vida con el mismo programa que la mañana. Que la primera mitad está hecha de construcción: la identidad, el lugar en el mundo, los vínculos, los logros. Y que la segunda exige otra cosa. Soltar. Profundizar. Preguntarse qué queda cuando se quita todo lo que se hizo para los demás.

Durante años construí. Una familia, una manera de estar en el mundo, vínculos que creía sólidos. Me moví con el programa de la mañana sin preguntarme si seguía siendo el mío.

Y llegó un día en que el programa dejó de funcionar. No de golpe. Despacio, como cuando algo se afloja sin que nadie lo note hasta que ya no sostiene.

Miré atrás y vi cosas que había cargado demasiado tiempo. Personas que ocuparon más espacio del que merecían. Miedos que me convencieron de quedarme quieta. Versiones de mí misma que construí para encajar en lugares que ya no eran míos.

Y miré adelante. No con el vértigo de los veinte, sino con otra cosa. Con la claridad de quien ya sabe lo que no quiere. De quien ha perdido cosas y ha sobrevivido. De quien empieza a entender que lo que queda, si se cuida, puede ser lo mejor.

Jung tenía razón. El atardecer pide otro programa. Uno más honesto. Más descarnado. Más tuyo.

Yo estoy escribiendo el mío.

miércoles, 3 de junio de 2026

La isla

Estoy leyendo un libro en el que la protagonista construye una isla. Un lugar con nombre, con paisaje, con personas. Un refugio tan elaborado que parece más real que lo real. Solo al final entiendes que ese lugar no existe. Que fue la única forma que encontró su mente de sobrevivir a algo que no podía sostener consciente.

Hay un nombre para eso. La disociación: la capacidad de la mente de separarse de una realidad insoportable y habitar otro sitio. No es debilidad. Es, en muchos casos, lo único que queda cuando no hay salida.

El cerebro no distingue entre amenaza real y amenaza recordada. El mismo mecanismo que nos construye una isla cuando lo necesitamos es el que nos despierta a las tres de la mañana con el corazón acelerado por algo que quizás ni ocurrió. El que nos protege de lo insoportable y el que nos hace insoportable lo que no debería serlo. A veces nos salva. A veces nos secuestra.

Yo no fui a ninguna isla. Cuando la realidad era dura, me quedé en ella. Construí muros, sí. Pero la realidad estaba conmigo al otro lado, y yo lo sabía. Hay una diferencia enorme entre protegerse dentro de la realidad y abandonarla por completo. Las dos son formas de sobrevivir. Solo que una te deja con los pies en el suelo y la otra te los levanta del todo.

Y sin embargo, no juzgo a quienes se van a su isla. A veces el suelo quema. Hay realidades que no se pueden habitar, situaciones en las que marcharse hacia adentro es el único camino que queda. Mujeres como Gisèle Pelicot, o como el personaje de ese libro, no se rompieron. Encontraron la forma de seguir existiendo con lo que tenían. Eso no es huida. Es heroísmo de la única clase que importa: el que nadie ve.

martes, 2 de junio de 2026

Sin esa virtud

Confieso que yo no perdono. Tampoco olvido.
No tengo esa virtud. Soy incapaz.

Lo he intentado. Me he dicho que soltar es de sabias, que cargar con el rencor solo me pesa a mí. Y es verdad. Pero saber algo y poder hacerlo son cosas distintas.

No perdono. Y tampoco vivo instalada en el rencor, aunque lo visite.
No quiero olvidar. Quiero recordar exactamente qué y quién me trajo hasta aquí.


Recuerdo.

Y elijo desde ahí.

domingo, 31 de mayo de 2026

Buena imagen. El engaño funciona mientras dura.

Milli Vanilli no cantaban. Ana Rosa no escribe sus libros. Felipe González no era de izquierdas. Lance Armstrong no pedaleaba limpio. Y tampoco había armas de destrucción masiva.

El mundo está lleno de impostores con buena imagen.

Gente que se apoya en otros para salvarse. Que coge lo que necesita sin mirar a quién le cuesta. Que avanza pisando sin darse cuenta, o dándose cuenta y mirando hacia otro lado mientras su coach justifica sus mierdas.

Lo más curioso no es el engaño. Es cuánto tiempo tarda en descubrirse. Y lo bien que funciona mientras dura.

Yo también tuve una de esas en mi vida. Creí en la imagen. Tardé más de lo que debería en ver lo que había detrás. Menos de lo que ella esperaba.

viernes, 29 de mayo de 2026

El momento perfecto no existe

Siempre hay algo antes.

Las vacaciones que vienen. Los exámenes que terminan. El lunes en que todo empieza. El cuerpo que todavía no es el que quieres. El proyecto que lanzarás cuando tengas más tiempo, más dinero, más seguridad.

Vivimos en una cuenta atrás permanente hacia una vida que no termina de llegar.

Y mientras tanto, esto. Esto que está pasando ahora mismo, mientras esperas. Esto que luego recordarás como "aquella época". Esto que, dentro de diez años, alguien llamará tu juventud, tu tiempo, tu vida.

Me pregunto cuántas horas he pasado deseando que pasara la semana. Cuántos viernes he esperado como si fueran una promesa. Cuántas veces he pospuesto algo que quería porque primero tenía que ocurrir otra cosa.

El problema no es que esperemos. El problema es que mientras esperamos, seguimos viviendo. El tiempo no se detiene porque tú estés en pausa.

Hubo un momento en mi vida en que el futuro se redujo a una ventana y a lo que había al otro lado. Y entendí algo que no se aprende leyendo: que a lo mejor mañana no estamos aquí. Ninguno. Y que eso no es una amenaza. Es la única razón de peso para estar hoy.

No hay un momento mejor esperándote al otro lado. Hay otro momento. Con sus propias condiciones, sus propias excusas, sus propias razones para seguir esperando.

El único momento que tienes es este. Y este. Y este.

No es un consejo. Es solo algo que me repito cuando me encuentro, otra vez, contando los días.

jueves, 28 de mayo de 2026

Yo. Ya me he ido de casi todo.

Sé marcharme.

Lo he hecho infinidad de veces: de ciudades que habité, de calles que me sabía de memoria, de mesas donde alguna vez me sentí llena.
De personas que eran casa, de promesas que parecían eternas.
De versiones de mí que ya no encontraban la manera de seguir.
He aprendido a mirar por última vez sin volver la cabeza, a cerrar la puerta sin ruido.

Lo que no sé es qué hacer con lo que me sigo llevando. Porque hay cosas que no se abandonan por mucho que lo intentes. Miedos que hacen el equipaje solos. Heridas que conocen todos tus atajos.

Hay un sitio del que no he conseguido escapar. El único del que, en el fondo, tampoco quiero hacerlo. A veces me pesa. A veces me sostiene. Pero es mío.

Yo.

martes, 26 de mayo de 2026

El cuerpo recuerda antes que la cabeza

El olfato es el sentido más ligado a la memoria.

Las hojas del limonero en casa de mis abuelos.
El anís de los freixós, el bizcocho en el horno.
El champú de alguien que fue importante, el jabón de alguien que aún lo es.
La colonia que durante años usé con las niñas y que me recuerda lo pequeñas que fueron.

Olores que vuelven y consuelan, que me devuelven a algún lugar seguro, a un instante feliz.

Y luego está esa loción. La que un día fue cotidiano respirar y que ahora me pone la piel de gallina. La que nunca jamás he querido volver a oler.

Hay olores que abrazan. Y hay olores que ahogan.

lunes, 25 de mayo de 2026

Las personas que te cambian sin querer

Hay personas que no saben lo que hicieron.
No lo saben porque no hicieron nada grande. No te salvaron, no te dieron un discurso, no tomaron tu mano en un momento dramático. Simplemente estuvieron. O no estuvieron. Dijeron algo en el momento exacto, o se callaron cuando más necesitabas que hablaran. Y sin embargo, después de ellas, ya no eres el mismo.

Pienso en todas las versiones de mí que existen gracias a alguien que probablemente ni se acuerda:
En la persona que estuvo cuando yo no podía estar. Que me sostuvo justo después de que mi vida cambiara para siempre, sin pedirme que estuviera bien, sin pedirme nada. Solo estuvo. Y eso fue todo lo que necesitaba.
Y pienso también en la otra. La que yo sostuve durante mucho tiempo, con todo lo que tenía. La que, el día que la necesité de verdad, no estaba.
Las dos me cambiaron. Una me enseñó lo que es el cuidado. La otra me enseñó lo que valgo.
Ya no están a mi lado. Pero llevan algo mío, y yo llevo algo suyo, que no sé muy bien nombrar.

No me cambiaron con intención. Me cambiaron con presencia, o con ausencia.

Y eso, creo, es lo más poderoso que puede hacer una persona. No el gesto calculado ni la ayuda que se ofrece sabiendo que se ofrece. Sino el impacto silencioso de ser, simplemente, quien eres delante de alguien.

Ojalá alguien, en algún lugar, lleve una versión mejor de sí mismo gracias a algo que yo hice sin darme cuenta.

domingo, 24 de mayo de 2026

Las conversaciones que nunca salen de tu cabeza

 Me he dado cuenta de que tenemos dos vidas, como dos memorias distintas. La de fuera, la que vivimos, la real. Y la de dentro, donde todo tiene otra versión. Esta última es más ordenada, más justa y casi siempre más interesante. También es la única en la que siempre dices lo que piensas. Y donde tienes todas las conversaciones que fuera nunca ocurren.

Las conversaciones que ensayas durante días. Te duchas y ya estás ahí, eligiendo palabras, anticipando respuestas, ganando discusiones que todavía no han empezado. Llegas al momento real y la otra persona dice algo que no estaba en el guión. Y te quedas con todo ese material preparado que ya no sirve para nada.

Luego están las que rebobinas sin poder evitarlo. La cena de hace tres años. Lo que dijiste. Lo que debiste decir. Lo que habrías dicho si hubieras sido más rápida, más valiente, más tú. Tu cerebro las edita una y otra vez como si fuera a estrenar una versión mejorada que nadie va a ver.

Y después están las que nunca llegas a tener. Las más largas, las más honestas, las más necesarias. Esas en las que le dices a alguien exactamente lo que sientes, sin rodeos, sin miedo. Esas conversaciones son perfectas. Probablemente porque nunca ocurren.

Sin interrupciones, sin malentendidos, sin que la otra persona diga algo que no tocaba. Tú controlas el ritmo, las pausas, el desenlace. Ganas siempre. Te disculpas cuando quieres. Dices exactamente lo que sientes sin que te tiemble la voz. Son, en definitiva, todo lo que una conversación real nunca es.

La buena noticia es que en esas conversaciones siempre tienes razón. La mala, que no cuenta.


jueves, 21 de mayo de 2026

El vértigo

Hace unos días, semanas ya, alguien con quien hablo casi a diario perdió a la persona que más quería. A su madre.

Me quedé muda.

Busqué palabras y no encontré ninguna que estuviera a la altura. Así que le dije las únicas que tenía: que lo sentía, que pensaba en ella, que no me imaginaba el dolor.

Mentira. Sí me lo imaginaba. Y por eso me dio vértigo. Me coloqué en ese lugar un momento. Solo un momento. Y tuve que salir.

Esos mismos días, en la televisión, una hija despedía a su madre entre lágrimas. Y dijo algo que se me quedó clavado: que cuando pierdes al último de tus padres, pierdes también un sitio al que volver.

Me quedé en esa frase mucho tiempo. Y todavía no he encontrado otra mejor.

Porque hay pérdidas que sabes que van a llegar y aun así no estás preparada. Porque hay personas que han estado ahí toda tu vida y no concibes un mundo sin ellas. Porque en algún momento del día, sin que nadie te avise, el mundo de alguien que quieres se parte en dos.

Hay dolores en los que no soy capaz de quedarme. No porque no quiera acompañar, sino porque me duele demasiado imaginarlos. 

La empatía, a veces, tiene un límite que es puro miedo.

martes, 19 de mayo de 2026

Lo que aprendí cuando todo salió mal


Hay momentos en la vida que no pides, no buscas y desde luego no deseas. Momentos en los que el suelo desaparece bajo tus pies y de repente te encuentras cayendo sin saber dónde está el fondo.

Yo viví uno de esos momentos.

No voy a contar los detalles, porque los detalles no importan. Lo que importa es lo que pasa dentro de ti cuando todo lo que creías sólido se rompe. Cuando la persona que pensabas que eras ya no reconoces en el espejo. Cuando el futuro que habías imaginado se convierte en humo.

Durante un tiempo, solo quería que pasara. Que alguien me dijera cuándo volvería a ser normal. Esperaba recuperar la vida de antes como si fuera un objeto perdido que tarde o temprano aparece.

Pero no volvió.

Y ahí estaba la lección más dura, y también la más honesta: no se trata de volver. Se trata de continuar siendo alguien distinto, en una vida que ya no es la misma, y encontrar en eso algo que valga la pena.

Aprendí que la fragilidad no es un defecto. Es la prueba de que algo te importaba de verdad.

Aprendí que pedir ayuda no te hace pequeño. Te hace humano, que es lo único que cualquiera de nosotros puede ser.

Aprendí que las personas que se quedan cuando estás roto son las que de verdad merecen estar cuando estás entero.

Y aprendí, sobre todo, que el dolor no viene a destruirte. Viene a mostrarte de qué estás hecho.

No te voy a decir que todo pasa por algo. No lo sé. Pero sí sé que de todo se puede sacar algo: una verdad, una mirada nueva, una versión de ti mismo que no hubiera nacido sin ese golpe.

Si ahora mismo estás en medio de tu propia crisis, no te pido que veas la luz al final del túnel. Solo te pido que sigas caminando. Aunque sea despacio. Aunque no sepas hacia dónde.

El camino aparece cuando sigues moviéndote.

domingo, 17 de mayo de 2026

Sin subtítulos

Hace un tiempo Noah Higón escribió sobre una frase de Aitana Sánchez-Gijón. Algo sobre quiénes somos para juzgar vidas que no hemos habitado, cuerpos que no duelen en nuestra piel. Sobre tener que defender el dolor ante quien nunca lo ha sentido.

Me quedé con eso.

Yo, igual que Noah, tengo días de chándal y días de labio rojo. Días en que el cuerpo pesa y días en que casi lo olvido. Y durante mucho tiempo sentí que tenía que explicarlo, justificarlo, traducirlo a algo que los demás pudieran entender. Como si mi versión de estar bien no fuera suficiente sin un argumento detrás. Como si tuviera que pedir perdón por no encajar, por no rendir, por no fingir.

No soy como el resto. O no como el resto espera. Hay cosas que no se ven y que aun así ocupan mucho sitio. Hay un cansancio que no se cura durmiendo y una normalidad que no me queda a medida. Y no todo el mundo lo sabe acompañar. Algunos lo intentan. Otros esperan que desaparezca. Otros directamente no lo ven.

Aprendí a distinguirlos.

Nadie debería tener que defender su dolor, su descanso, su forma de estar en el mundo. Mi cansancio y mi silencio no necesitan subtítulos. Y mi dolor tampoco. Y mis días buenos no le deben nada a nadie.

viernes, 15 de mayo de 2026

Acceso ilimitado

 "Los amigos de verdad están en las buenas y en las malas." Lo hemos oído tantas veces que ya no lo cuestionamos. Y hay verdad en ello, no lo niego.

Pero también sé que esa frase se puede convertir en un arma. En una forma de culparte cuando necesitas distancia. En una manera de exigirte que estés disponible siempre, para todo, sin límites, sin coste.

Y no. No toda amistad merece acceso ilimitado a tu energía. Algunas personas agotan, y reconocerlo no te hace mal amigo. Te hace honesto.

Yo no puse solo un freno. Levanté una muralla. No por capricho, sino porque aprendí a golpes que sin ella no quedaba nada de mí para nadie. Ni para los demás ni para mí misma.

Y sé que hay quien lo llamará traición, o exageración, o frialdad. Que le den. La muralla no es para aislarme. Es para decidir yo quién entra.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Un duelo sin muerto. (D.E.P. Emma Rodríguez Puente)

He transitado un duelo en el que no hay muerto.

Al principio no podía creer lo que estaba pasando. Cuando alguien desaparece de repente, sin aviso, el primer instinto es no creerlo. Buscar una explicación. Pensar que hay un error.

Después vinieron semanas viviendo en la ira. Borrando mensajes, borrando recuerdos, borrando rastros de algo que creía sólido.

Sin negociación. Sin depresión. Un día me di cuenta de que ya no dolía igual. De que seguía adelante y el peso era menor. Así llega a veces la aceptación: sin que nadie te avise, sin un momento concreto. Solo un día ya no es tan grande.

Me he despedido de una persona que fue importante y ahora no es nada.

No se ha muerto. Pero es como si.


(Emma Rodríguez Puente, allá donde esté, descanse en paz)

martes, 12 de mayo de 2026

Inventario

Me gusta la carne poco hecha, los curasanes de mantequilla y el café templado.

Me gusta la Coca-Cola light, las patatas fritas, la regaliz roja, el chocolate Nestlé y el turrón Suchard.

Me gusta mirar al mar, las plantas, el dulce de leche, los días de frío y sol y hacerle fotos al cielo.

No me gustas tú.

sábado, 9 de mayo de 2026

Lección de botánica

Los expertos en botánica dicen que a las plantas hay que cortarles las hojas muertas.

No por estética, si no porque la planta insiste en enviarles energía como si aún hubiera algo que salvar. Y mientras lo hace, deja de cuidar lo que sí sigue vivo.

Durante un tiempo parece que no pasa nada. La planta aguanta. Resiste. Hasta que empieza a notarse. Las hojas sanas pierden fuerza. Los brotes se frenan. Algo se apaga sin hacer ruido. Y entonces ya no es la hoja muerta el problema.

Es todo lo demás.

Con nosotras pasa igual:
Nos quedamos más tiempo del que deberíamos intentando salvar lo que ya no responde, convenciéndonos de que aún queda algo; de que con un poco más de paciencia, de cuidado, de esfuerzo…

Pero no.
Hay cosas que no vuelven.

Y mientras las sostienes, lo que sí estaba vivo en ti empieza a marchitarse.

No de golpe.
Pero lo suficiente.

jueves, 7 de mayo de 2026

Ya era hora

Y un día te cansas. Sin aviso, sin drama, sin un motivo concreto que puedas señalar. Te cansas de sostenerlo todo, de ser el suelo firme sobre el que los demás caminan sin mirar dónde pisan.

Te cansas de ser la fuerte. De que den por hecho que puedes, que aguantas, que siempre estarás ahí. De que nadie pregunte cómo estás porque total, tú siempre estás bien.

Y entonces llega la pregunta. Silenciosa, incómoda, inevitable. ¿Quién me sostiene a mí?

Y en ese preciso momento, cuando ya no te queda energía para nadie más, cuando el cansancio te ha vaciado de todo lo que no eras tú, ahí, justo ahí, empiezas a elegirte. No porque seas egoísta. Sino porque ya era hora.

martes, 5 de mayo de 2026

Un regalo y una historia



Cuando cumplí cincuenta años, alguien que creía que me quería mucho me regaló un colgante y una historia: la leyenda de los Ahoras.

Hablaba de un pájaro diminuto que vivía en el presente. Decía que, cuando las personas estaban de verdad en un momento, en uno de esos instantes cotidianos y mágicos, el pájaro se acercaba, picoteaba suavemente la cabeza y cantaba. Entonces llegaba un Momento de Consciencia.

Guardé el colgante.
Guardé también la historia.
Y cada vez que lo usé estuve atenta al canto del pájaro.

Lo curioso es que quien me enseñó a prestar atención al Ahora se convirtió, con el tiempo, en un Antes.
De esos que pesan.

Pero aquel pájaro sigue aquí.
Sigue volando conmigo.
Aprendí a reconocer su canto sin tener que buscarlo. Sin usarlo.

Los Ahoras continúan.

El Antes
ya pasó.

domingo, 3 de mayo de 2026

Propósito

Leyendo ¡Mártir! de Kaveh Akbar me he encontrado con esto:

"Una vez, cuando yo era niño, nuestro maestro nos contó el hadiz del hombre hambriento. El hombre se estaba muriendo en medio del desierto, y entonces se puso de rodillas y le rogó a Dios: «Por favor, ayúdame, estoy hambriento, medio muerto y demasiado cansado para seguir buscando agua. No quiero sufrir más. Por favor, Dios Todopoderoso, ten piedad y pon fin a este tormento». En su infinita sabiduría, Dios le envió un bebé, un niño al que tenía que cuidar. De pronto el hombre tenía un propósito, una razón para seguir viviendo."

Cuando lo leí, durante unos segundos, me pareció casi cruel. El hombre pedía alivio y Dios le mandaba más responsabilidad.

Pero luego lo pensé mejor.

Porque yo lo he vivido. No en un desierto, pero sí en algunos de mis momentos más oscuros. Y lo que me mantuvo en pie, lo que me hizo seguir buscando agua aunque estuviera agotada, fueron ellas. Mis hijas.

No como obligación. Como propósito. Como fuerza. Ellas son las razones por las que me levanto cuando no quiero levantarme, por las que sigo cuando me quedo sin ganas, por las que me hago fuerte cuando sola no podría.

Si algún día leen esto, quiero que sepan que sin ellas ya me habría rendido.

A veces la vida no te da lo que pides. Te da lo que necesitas para no parar.

viernes, 1 de mayo de 2026

Silencio

Leo en silencio. 
Escucho música en silencio. 

Guardo silencio para sanarme, para oírme, para volver.
El silencio me calma, me acuna. 

Me escucho más alto cuando guardo silencio.

jueves, 30 de abril de 2026

Algo universal

Todos y todas tenemos un amor platónico, ese que empezó en la adolescencia cuando aún no sabíamos nada, pero creíamos que sí, cuando lo sentíamos todo con una intensidad aplastante

Fue un amor que nunca supo que lo era. Ni una señal, ni una pista, ni una confesión torpe a destiempo. Nada. Tú ahí, existiendo. Yo aquí, interpretando miradas, elevando a acontecimiento histórico cualquier aburrido cruce de palabras, cosas que no significaban nada pero eran el prólogo de las historias que me montaba en mi cabeza y que siempre acababan contigo viniendo a salvarme. Por que necesitaba ser salvada.

La vida siguió, claro. Y tú te quedaste ahí, en un cajón en la estantería de mi cabeza, entre lo que no fue y lo que nunca hizo falta que fuera. A veces apareces en el presente, muy discretamente: En una frase o una canción que me recuerda a ti. En alguien que dice tu nombre.

Ese amor fue importante, como todos los amores platónicos. Mucho. Aunque no pasara nada. Precisamente porque no pasó nada.