Hay puentes que te llevan a otra orilla. Puentes que acortan distancias, que comunican, que te ayudan a llegar a sitios a los que sola no habrías llegado. Puentes que merece la pena cruzar.
Y hay otros puentes. Los puentes en los que te pierdes, que no llevan a ningún lado. Los que se sostienen solos en medio de la nada, sin orilla de destino. Puentes que, sin que te des cuenta, te van alejando de todo lo demás.
Estos últimos puentes hay que quemarlos.
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