No he perdido a una amiga. He perdido la ilusión de una amiga que nunca existió del todo.
Alguien inestable, evasiva, ambigua, intermitente. Alguien que aparecía y desaparecía según le convenía, que estaba cuando necesitaba algo y se difuminaba cuando era yo quien necesitaba. Alguien que no podía sostenerse a sí misma y aun así esperaba que yo cargara con el peso de las dos.
Eso no es una pérdida. Es un diagnóstico tardío.
No se pierde lo que nunca fue de uno. Y quien no puede sostenerse a sí mismo, mucho menos puede sostener un nosotros.
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