Podría decir que sé perdonar. Sería más cómodo. Más bonito. Mejor visto.
Pero no es verdad.
Hay cosas que no perdono. No porque no haya intentado, sino porque hay roturas que no se arreglan con el tiempo ni con las palabras correctas ni con la mejor de las intenciones. Hay daños que se quedan. Que cambian la forma de las cosas para siempre.
No sé si eso me hace peor persona. No sé si es orgullo, o rencor, o simplemente honestidad.
Me da igual. Aprendí hace tiempo que no todo se recompone. Y que fingir que sí tampoco arregla nada.
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