Siempre hay algo antes.
Las vacaciones que vienen. Los exámenes que terminan. El lunes en que todo empieza. El cuerpo que todavía no es el que quieres. El proyecto que lanzarás cuando tengas más tiempo, más dinero, más seguridad.
Vivimos en una cuenta atrás permanente hacia una vida que no termina de llegar.
Y mientras tanto, esto. Esto que está pasando ahora mismo, mientras esperas. Esto que luego recordarás como "aquella época". Esto que, dentro de diez años, alguien llamará tu juventud, tu tiempo, tu vida.
Me pregunto cuántas horas he pasado deseando que pasara la semana. Cuántos viernes he esperado como si fueran una promesa. Cuántas veces he pospuesto algo que quería porque primero tenía que ocurrir otra cosa.
El problema no es que esperemos. El problema es que mientras esperamos, seguimos viviendo. El tiempo no se detiene porque tú estés en pausa.
Hubo un momento en mi vida en que el futuro se redujo a una ventana y a lo que había al otro lado. Y entendí algo que no se aprende leyendo: que a lo mejor mañana no estamos aquí. Ninguno. Y que eso no es una amenaza. Es la única razón de peso para estar hoy.
No hay un momento mejor esperándote al otro lado. Hay otro momento. Con sus propias condiciones, sus propias excusas, sus propias razones para seguir esperando.
El único momento que tienes es este. Y este. Y este.
No es un consejo. Es solo algo que me repito cuando me encuentro, otra vez, contando los días.
