viernes, 1 de mayo de 2026

Silencio

Leo en silencio. 
Escucho música en silencio. 

Guardo silencio para sanarme, para oírme, para volver.
El silencio me calma, me acuna. 

Me escucho más alto cuando guardo silencio.

jueves, 30 de abril de 2026

Algo universal

Todos y todas tenemos un amor platónico, ese que empezó en la adolescencia cuando aún no sabíamos nada, pero creíamos que sí, cuando lo sentíamos todo con una intensidad aplastante

Fue un amor que nunca supo que lo era. Ni una señal, ni una pista, ni una confesión torpe a destiempo. Nada. Tú ahí, existiendo. Yo aquí, interpretando miradas, elevando a acontecimiento histórico cualquier aburrido cruce de palabras, cosas que no significaban nada pero eran el prólogo de las historias que me montaba en mi cabeza y que siempre acababan contigo viniendo a salvarme. Por que necesitaba ser salvada.

La vida siguió, claro. Y tú te quedaste ahí, en un cajón en la estantería de mi cabeza, entre lo que no fue y lo que nunca hizo falta que fuera. A veces apareces en el presente, muy discretamente: En una frase o una canción que me recuerda a ti. En alguien que dice tu nombre.

Ese amor fue importante, como todos los amores platónicos. Mucho. Aunque no pasara nada. Precisamente porque no pasó nada.

miércoles, 29 de abril de 2026

Puente

Hay puentes que te llevan a otra orilla. Puentes que acortan distancias, que comunican, que te ayudan a llegar a sitios a los que sola no habrías llegado. Puentes que merece la pena cruzar.

Y hay otros puentes. Los puentes en los que te pierdes, que no llevan a ningún lado. Los que se sostienen solos en medio de la nada, sin orilla de destino. Puentes que, sin que te des cuenta, te van alejando de todo lo demás.

Estos últimos puentes hay que quemarlos.

lunes, 27 de abril de 2026

Autobiografía II

“No sé qué hice”.
“No voy a inventar una culpa”.
“Me disculpo por si alguna vez…”.
“Querer no es insistir”.
“Respeto tu decisión”.
“Yo aquí estaré siempre”.

Manual básico de coaching (trans)emocional mal digerido.

Mucho yo siento.
Mucho yo respeto.
Cero yo reviso.
Cero yo cambio.

Emocionalmente consciente, con respeto y madurez.

Pero intocable.

domingo, 26 de abril de 2026

Melodía eliminada. Hay contactos que tuvieron su canción durante años.

Desde que tuve mi primer móvil siempre he puesto melodías personalizadas a las personas que más quiero. Una canción para cada una. Una forma de saber, antes de mirar la pantalla, quién está al otro lado.

Al principio eran politonos de 60 céntimos. Después llegaron las descargas, buscar la canción, cortarla, pasarla al móvil. Ahora es cuestión de segundos.

El método cambió. La costumbre, no.

Tengo varias canciones de Taylor Swift según si mi hija me escribe por WhatsApp, por Telegram o me llama.

Hay contactos que tuvieron su canción durante años. Una melodía que aprendiste a reconocer sin pensar, que te ponía de buen humor antes de descolgar.

Y hay canciones que ya no volverán a sonar. Las eliminé con el contacto.

viernes, 24 de abril de 2026

Rencorosa

Podría decir que sé perdonar. Sería más cómodo. Más bonito. Mejor visto.

Pero no es verdad.

Hay cosas que no perdono. No porque no haya intentado, sino porque hay roturas que no se arreglan con el tiempo ni con las palabras correctas ni con la mejor de las intenciones. Hay daños que se quedan. Que cambian la forma de las cosas para siempre.

No sé si eso me hace peor persona. No sé si es orgullo, o rencor, o simplemente honestidad.

Me da igual. Aprendí hace tiempo que no todo se recompone. Y que fingir que sí tampoco arregla nada.

miércoles, 22 de abril de 2026

El plato

Nos educaron con el plato lleno como obligación. En esta casa no se tira comida. Termina todo. Piensa en los niños que no tienen nada. Y nosotras, obedientes, aprendimos a ignorar la señal que dice ya es suficiente y a seguir comiendo aunque el cuerpo llevara rato pidiendo parar.

Crecimos así. Y muchas seguimos así. Terminando el plato por inercia, por culpa, por no desperdiciar, por no hacer un feo. Sin preguntarnos si todavía tenemos hambre. Sin escuchar lo que nos pide el cuerpo porque nos enseñaron que eso no importaba tanto como no dejar nada.

Y qué fácil es aplicar eso a otras cosas.

A relaciones que seguimos sosteniendo aunque hace rato que dejaron de alimentarnos. A amistades que apuramos hasta el fondo porque invertimos mucho y no queremos que se desperdicie. A conversaciones que terminamos aunque ya no nos nutren, por no dejar nada en el plato, por no parecer desagradecidas, por no hacer un feo.

Nos quedamos en sitios donde ya no nos sacian porque nos enseñaron que irse antes de terminar es un error. Que hay que agotar todo. Que parar es desperdiciar.

Pero parar cuando estás llena no es desperdiciar. Es escucharte. Es reconocer que ya tienes suficiente. Es aprender, por fin, lo que nadie nos enseñó.

Que saber cuándo parar también es una forma de no traicionarse.

lunes, 20 de abril de 2026

Vete a la ***

No he perdido a una amiga. He perdido la ilusión de una amiga que nunca existió del todo.

Alguien inestable, evasiva, ambigua, intermitente. Alguien que aparecía y desaparecía según le convenía, que estaba cuando necesitaba algo y se difuminaba cuando era yo quien necesitaba. Alguien que no podía sostenerse a sí misma y aun así esperaba que yo cargara con el peso de las dos.

Eso no es una pérdida. Es un diagnóstico tardío.

No se pierde lo que nunca fue de uno. Y quien no puede sostenerse a sí mismo, mucho menos puede sostener un nosotros.

domingo, 19 de abril de 2026

Últimas veces

Las flores cortadas duran frescas unos días en agua. Luego empiezan a perder pétalos, despacio, casi sin ruido.

El tiempo funciona igual. Va quitando cosas sin avisar. Y personas. Una mañana tus hijos dejan de pedir que les ates los zapatos. Otra, que les cortes la comida. Otra, que les leas en voz alta antes de dormir. Te quedas con las manos preparadas para algo que ya no necesitan. Y así, sin que te des cuenta, van necesitando menos de ti.

Hace unos días mi hija pequeña me dijo que iba sola al cole y volvía sola. Sin drama. Como quien dice cualquier cosa.

Y me oí perder un pétalo.

viernes, 17 de abril de 2026

El maldito hilo rojo

 


Dice la leyenda que cada persona nace con un hilo rojo atado al dedo meñique. Un hilo invisible que la conecta con todas las personas con las que está destinada a cruzarse, a querer, a compartir algo importante. El hilo puede enredarse, estirarse, tensarse hasta casi romperse. Pero nunca se corta. Así, dice la leyenda, funcionan los lazos del destino.

Es una historia preciosa. Y durante mucho tiempo me la creí.

Pero nadie habla de los otros hilos rojos. Los que no vienen del destino sino del hábito, del miedo, de la necesidad de no estar sola. Los que también son rojos, también parecen importantes, también se sienten como algo que merece la pena conservar. Y sin embargo se van enredando alrededor de ti sin que te des cuenta, poco a poco, hasta que un día intentas moverte y no puedes.

Hilos rojos que atan sin conectar. Que ahogan sin sostener. Que llevas tanto tiempo cargando que ya los confundes con parte de ti misma.

Y hay hilos que no se pueden desenredar. Que solo se pueden cortar.

No es una traición al destino. Es aprender a distinguir lo que te une de lo que te ata. Es supervivencia.

miércoles, 15 de abril de 2026

Al final

Llegará un día en que mi mundo se venga abajo y no te enterarás. Y también llegará un día en que para ti sea difícil seguir, y yo no lo sabré.

Después de todo.

Y ya no importará.

lunes, 13 de abril de 2026

A pulso

Ahora estoy tranquila. Y sé que a algunos les descoloca. Esperaban otra cosa, supongo. El drama, las lágrimas, la versión rota. Y en cambio me ven así, entera, y no saben qué hacer con eso.

Lo que no saben es lo que ya pasó. Todo aquello que creí que no iba a poder soportar, ya ocurrió. Lo viví. Lo atravesé. Hubo noches en que pensé que no, que esta vez sí me rompía del todo. Pero no.

Y en lugar de destruirme, cada una de esas cosas me fue diciendo quién soy. Qué aguanto. Qué no estoy dispuesta a aguantar más. Dónde están mis límites y por qué los pongo donde los pongo.

La tranquilidad que ves no es indiferencia. No es que no me importe. Es que ya pagué ese precio. Ya lo sufrí. Ya lo lloré.

Ahora estoy tranquila porque me gané esta paz. A pulso.

domingo, 12 de abril de 2026

Que la vida me libre

 Que la vida me libre de todo mal.

De la enfermedad y del dolor. Del olvido, que llega sin pedir permiso y se lleva lo que más quieres. De despertar un día sin saber dónde estás ni quién tienes delante.

De la gente que finge ser buena. De la que finge ser amiga. De la desleal, que sonríe mientras te da la espalda.

De los tibios. De los que nunca están del todo, que no toman partido, que siempre tienen una excusa para no mojarse.

De rendirse a los miedos. De dejar que ocupen más espacio del que merecen, que paralicen, que convenzan de que no se puede.

De la soledad que se instala cuando no hay nadie. La que pesa, la que duele.

Del aburrimiento. De los días sin textura, sin asombro, sin nada que merezca ser contado.

De la ceguera. De la que no te deja ver lo que tienes delante. Y de la que elige no ver, que es peor.

Que me libre de olvidar que solo hay una. De perder de vista que el tiempo no vuelve. De conformarme con menos de lo que merezco. De apagarme despacio sin darme cuenta.

viernes, 10 de abril de 2026

Equilibrio

La amistad no es estar siempre. No es disponibilidad permanente ni sacrificio constante. No es eso.

Es equilibrio. Es saber que si hoy cargo yo, mañana cargas tú. Que si hoy necesito que estés, estarás. No porque te lo deba, sino porque así funciona esto cuando es de verdad.

La reciprocidad no es llevar la cuenta. No es apuntar en un cuaderno quién llamó más veces o quién estuvo en el peor momento. Es algo más sutil y más difícil de explicar. Es una sensación. La de que el peso se reparte. La de que no siempre sales de cada encuentro más vacía de lo que llegaste.

Cuando eso no existe, cuando siempre eres tú la que da y la otra la que recibe sin ni siquiera darse cuenta, algo se rompe. Despacio, sin ruido, pero se rompe.

Y lo más duro no es reconocerlo. Lo más duro es aceptar que una relación que duró tanto, que ocupó tanto espacio, que creíste que era sólida, estaba construida sobre un desequilibrio que tú sostenías sola.

Que la solidez era tuya. No de las dos.

Eso es lo que cuesta perdonarse. No haberlo visto antes. O haberlo visto y mirado hacia otro lado porque querías que fuera de otra manera.

miércoles, 8 de abril de 2026

5 Gigas.

Ocupabas mucho: horas de mi tiempo y 5 gigas de memoria en el teléfono.

Conversaciones guardadas por si acaso. Fotos y vídeos que ya no veia pero que tampoco borraba. Audios que en su momento escuché tres veces seguidas y que ahora ni recuerdo de qué iban.

Un día lo borré todo. No fue un gesto dramático. Fue más parecido a vaciar el bolso y encontrar cosas que llevabas meses cargando sin saber por qué.

El teléfono fue más rápido una vez eliminado lo que sobraba. Yo, más libre.