lunes, 30 de marzo de 2026

Ya no ocurrirá nada

Hay personas con las que me imaginé envejeciendo y con las que hoy sé que no voy a envejecer.

Una de ellas fue mi compañera de camino durante treinta y cinco años.

Hoy sé que ya nunca fumaremos a medias un chisme, compartiendo el silencio como se comparten las cosas que no hacen falta explicar. Ya nunca más escucharemos música mientras nos bañamos en su piscina.

Hoy sé que no pasaré las tardes de mi vejez jugando al tute. Al menos, no con esa que era familia.

Hoy sé que tampoco pasaré la vejez en un pueblo coruñés. Al menos, no en ese pueblo coruñés.

No tomaremos cervezas sentadas al sol en su jardín. Ella sí, claro. Pero yo ya no tomaré estrellas al sol en su jardín.

Lo que más duele casi nunca es el pasado (que fue bonito, y también tuvo, evidentemente, sus grietas), sino el futuro. Todo lo que iba a ser y no será. Duele desprenderse del futuro porque, en nuestra cabeza, siempre fue bonito.

Y aceptar eso no es traición al pasado. Es una forma de honrarlo sin quedarme a vivir en él.

domingo, 29 de marzo de 2026

El lugar real

Una de las cosas más difíciles que he aprendido es a reconocer el lugar que ocupo en la vida de los demás. No el que me gustaría ocupar, no el que creo merecer. El real.

Y luego aceptarlo sin reclamar, sin forzar, sin intentar ocupar más espacio del que me dan.

No es fácil. Requiere una honestidad que a veces duele. Porque a veces el lugar es pequeño, o incómodo, o directamente no existe. Y reconocerlo implica tomar decisiones que no siempre queremos tomar.

Pero hay algo que descansa en esa aceptación. Dejar de luchar por un sitio en el que no te esperan. Quedarte solo donde te reciben de verdad. Donde no tienes que justificar tu presencia ni reducirte para caber.

Reconocer no es rendirse. Es ver con claridad. Y ver con claridad, aunque cueste, siempre es mejor que seguir mirando lo que quieres ver.

sábado, 28 de marzo de 2026

Indiferencia

Hasta hace unos meses te consideraba esencial. De esas personas sin las que no imaginas según qué cosas, según qué días. De las que ocupan un sitio que parece inamovible.

Y luego algo cambia. No siempre hay un momento concreto. A veces es un proceso tan lento que no lo ves hasta que ya ha terminado.

Me di cuenta de que algo había cambiado cuando noté que ya no me interesaba que te fuera bien. Que si algo te dolía o te salía mal, me daba igual. No sentía alivio ni culpa por sentirlo. Solo indiferencia. Y la indiferencia, cuando antes hubo tanto, es la señal más clara de que ya no queda nada.

Ya no me importas.

Y me he dado cuenta de hasta qué punto cuando noté que me alegraba. No de tu dolor, sino de mi distancia. De haber llegado a un lugar donde lo que te pase ya no me roza.

Eso no lo construye el odio. Lo construye el tiempo y la decepción, trabajando juntos, en silencio, hasta que un día ya no hay nada que sostener.

viernes, 27 de marzo de 2026

Formatear

Una vez que eliminas el contacto, borras las fotos, las etiquetas y los comentarios, bloqueas en todos los sitios posibles... ya solo queda lo más difícil:

Bloquear recuerdos, eliminar remordimientos, desinstalarte de mis pensamientos.

jueves, 26 de marzo de 2026

Suficiente

 Soy ABURRIDA

para quienes necesitan el caos para sentir que algo es real.

Soy CALLADA

para quienes confunden el silencio con no tener nada que decir.

Soy RARA

para quienes esperaban que me pareciera más a ellos.

Soy FRÍA

para quienes confunden la distancia con no sentir.

Soy DIFÍCIL

para quienes querían una versión mía más cómoda, más callada, más fácil de ignorar.

Soy EXAGERADA

para quienes nunca aprendieron a tomarse en serio lo que sienten.

Soy INTENSA

para quienes viven a media potencia y les incomoda quien no lo hace.

Soy LO PEOR

para quienes necesitan un villano y yo era la candidata más cómoda.

Soy DESLEAL

para quienes llaman traición a ponerse límites.

Soy COMPLICADA

para quienes confunden la profundidad con un problema.

Soy RENCOROSA

para quienes esperaban que perdonara sin que nada cambiara.

Soy EGOÍSTA

para quienes esperaban que me olvidara de mí.

Soy DEMASIADO

para quienes no dan suficiente.

Soy ORGULLOSA

para quienes esperaban que volviera con el rabo entre las piernas.

Pero para quien me merece,

soy exactamente suficiente.

miércoles, 25 de marzo de 2026

La luz que quema

El amarillo era, para Vincent van Gogh, un milagro. El color de los girasoles, de la luz, del trigo y del sol que no se apaga.
El color con el que pintaba esperanza incluso cuando no la sentía.


Pero ese mismo amarillo que lo sostenía también lo dañaba.
El cromato de plomo —el pigmento brillante que tanto amaba— le provocaba visión borrosa.
Le alteraba el cuerpo, le confundía la mente, le hacía ver el mundo más amarillo de lo que era.
La luz que buscaba era, al mismo tiempo, la que lo enfermaba.


A veces lo que nos salva también nos desgasta.
Nos aferramos a lo que brilla, aunque nos queme.

Yo tenía una pintura amarilla.
Pero ya no.

martes, 24 de marzo de 2026

Tu cuento

Quizás tu cuento es que me enfadé y no quise hablarlo.
Qué versión tan ordenada.
Qué manera tan limpia de no tener que preguntarte nada.


Pero hay que haber perdido mucho para llegar a este silencio.
Este no es el silencio del enfado.
El enfado hace ruido, da portazos, espera que le pregunten.
Este es otro silencio.
El de quien hizo las cuentas demasiadas veces
y siempre le salieron mal los números.


No me negué a hablarlo.
Se me acabó la fe en que hablar fuera a cambiar algo.
Y eso es diferente.
Eso es mucho peor, y mucho más honesto.


Treinta y cinco años no se dan por perdidos de golpe.
Se van gastando.
En los silencios que nadie llenó,
en las veces que esperé algo que no llegó,
en los momentos en que estuve
y fue como si no estuviera.


Nadie lo declara.
No hay un día concreto.
Solo un cansancio que se va acumulando
hasta que un día ya no quedan fuerzas
ni para recuperar
lo que ya no reconoces.


No me enfadé y me fui.
Me fui porque ya no quedaba casi nada a lo que volver.
Y eso no cabe en tu cuento, lo sé.
Pero es lo que pasó.

lunes, 23 de marzo de 2026

No estoy enfadada.

No estoy enfadada.

La rabia es fácil.
La rabia tiene adónde ir,
ocupa el cuerpo,
sale por algún sitio.

Yo estoy decepcionada,
que es más silencioso
y más hondo
y no tiene salida fácil.

Estoy desilusionada,
que significa que la ilusión existió,
que me la creí,
que durante un tiempo
fue real para mí
aunque no lo fuera.

He dado por perdidos años.
No los llora la rabia.
Los llora otra cosa
que no tiene un nombre tan claro
pero pesa más.

Creí que era un ancla.
Resultó ser lastre.

Las dos cosas sujetan,
las dos cosas hunden.
La diferencia es
a qué te atan.
Y yo confundí las dos.

No estoy enfadada.
Estoy en ese lugar
donde ya no queda
ni siquiera eso.

domingo, 22 de marzo de 2026

Estoy educando

Quizás subestimaste mi capacidad de poner límites. No serías el primer caso. Pero llevo toda la vida educando, y no solo a mis hijas. También me he educado a mí misma. En saber cuándo algo ya no es bueno. En reconocer cuándo el peso que cargo no es mío. En entender que quedarse también es una elección, y que esa elección tiene consecuencias.

No puedo permitir que mis hijas me vean atrapada. No porque me importe la imagen, sino porque les estaría enseñando que eso es lo normal. Que una relación puede ser tan desigual, que todo el esfuerzo puede ir en una sola dirección, que la reciprocidad es un lujo y no una condición mínima. Y yo no quiero enseñarles eso. No después de todo lo que hemos trabajado juntas.

Recuerda lo bien educadas que están. Tú misma lo dijiste, muchas veces. Pues bien, parte de eso viene de haberles mostrado que una se respeta. Que una no se queda donde no la tratan bien. Que el amor (de cualquier tipos), cuando es real, no agota.

Esto también es educación. Quizás la más importante que les he dado.

viernes, 20 de marzo de 2026

Me escribo

Me escribo.
Para no olvidarme. Para no volver a dejarme.

Me escribo porque hubo años en que me fui
sin hacer las maletas,
sin despedirme,
sin dejar nota.

Me escribo porque la memoria miente
y el dolor se disfraza,
y yo necesito pruebas.

Me escribo para poder volver
cuando vuelva a perderme,
abrir la página
y reconocerme.

Me escribo porque nadie más
va a contarle a nadie
exactamente cómo fue esto.

Me escribo como se deja una luz encendida
para el que llega tarde a casa
y no quiere entrar a oscuras.

Me escribo.
Para saber que estuve aquí.
Para saber que sigo.

miércoles, 18 de marzo de 2026

(Casi) Todo vuelve

Vuelven las hombreras, los pantalones de campana, las bandanas al cuello y las gafas redondas.

Vuelven las cámaras de carrete y la música en vinilo.
Los colores neón, los scrunchies, las plataformas imposibles.
Los vaqueros rotos, los aros enormes, los colgantes con iniciales.

Vuelven incluso las cosas que juraste no repetir.
Las modas.
Los gestos.
Las frases que creías enterradas.

Vuelve todo.
Pero yo ya no.

lunes, 16 de marzo de 2026

Arrastrar maletas

Cuando viajas en avión y facturas el equipaje, si llevas exceso de peso pagas un precio.

En la vida pasa lo mismo: también pagas por cargar de más.

En este caso, sin embargo, el precio no está estipulado.

Y aquí no se pierden las maletas.

domingo, 15 de marzo de 2026

Ausencia consciente

Mi mejor venganza no es pelear.
No es discutir.
No es entrar en guerra.
Es irme.
Es el silencio.
La indiferencia.
La ausencia.
Dejar de reaccionar.

No es frialdad. Es sanación.
Es recuperar mi paz.
Es mi sistema nervioso volviendo a casa.

Y lo que más te duele es eso:
que retiré mi atención,
que di por terminado el juego.

sábado, 14 de marzo de 2026

De la noche a la mañana

No siempre cambiamos despacio.

Hay cambios que no avisan.

Un día abres los ojos y lo sabes: hasta aquí has llegado.

Y ya no vuelves.


viernes, 13 de marzo de 2026

Las fechas

Me voy a acordar de todas las fechas.

Del día de tu cumpleaños. De otros cumpleaños. De esa fecha de diciembre que quieres olvidar.

Las tengo guardadas en algún lugar del cuerpo, no en el calendario. Y van a llegar, una a una, como siempre llegan las cosas que no puedes controlar.

Y cuando lleguen, voy a hacer algo que nunca pensé que necesitaría aprender: no voy a escribirte.

No porque no quiera. Sino precisamente porque quiero.

Porque hay un tipo de fuerza que no se parece en nada a la fuerza. No levanta peso ni aguanta golpes. Es la fuerza de dejar el teléfono sobre la mesa. De escribir el mensaje y borrarlo. De desear que te vaya bien sin decírtelo.

Es contención. Y la contención duele de una manera silenciosa, sin testigos, sin mérito visible.

Nadie va a saber que ese día pensé en ti. Que busqué las palabras exactas. Que casi. Que estuve a punto.

Pero no.

Porque a veces querer a alguien significa respetar la distancia que se ha abierto entre las dos, aunque no fueras tú quien la eligió. Aunque todavía no entiendas del todo cómo llegasteis hasta aquí.

Las amistades que se rompen no hacen ruido como las otras pérdidas. No hay protocolo, no hay duelo reconocido, no hay nadie que te pregunte cómo estás por eso. Y sin embargo el hueco es real. Ocupa espacio. Tiene fechas.

Este año voy a dejar pasar esas fechas en silencio.

No como rendición. Como respeto. Hacia lo que fue, hacia lo que ya no es, y hacia mí.

Propio

Hay personas que se quedan contigo solo hasta que dejan de necesitarte. Llegan rotas, te usan como refugio mientras sanan, mientras tú entregas tiempo, paciencia y un amor verdadero. Y cuando recuperan fuerzas y seguridad, se marchan sin mirar atrás.  

Jamás se detienen a mirar tus heridas, tus propios rotos, ni a preguntarse si aún te queda fuerza para sostenerte.

Por eso conviene aprender a reconocer estas dinámicas a tiempo: no todo el que llega herido viene a cuidarte después, y no toda entrega merece que te quedes sin ti. Guardar tus límites también es una forma de amor.