Perdí a alguien a quien quería.
No es una frase fácil de escribir, aunque lleve meses dando vueltas en mi cabeza. Perdí a alguien por quien me esforzaba, a quien dedicaba tiempo y energía sin medirlos, a quien quería de esa forma tranquila y constante que no necesita ser proclamada. Alguien que no era mi familia pero que ocupaba ese sitio. Que prometía estar siempre.
Perdí también la idea que tuve de esa persona durante treinta y cinco años. La ilusión, el ancla, la certeza de que estaba ahí. Y cuando se fue, todo lo que había construido sobre ese pilar se vino abajo. Así, de golpe.
Me sentí como Jim Carrey en El show de Truman, donde todo parecía real, los vecinos, las calles, el cielo, hasta que un día la cámara se mueve y ves que detrás no hay nada. Solo un decorado. Solo atrezzo.
Llevo meses reconstruyendo. Y reconstruir duele de una forma que no esperaba, porque para reconstruir primero hay que reconocer que había algo roto, que hubo una ceguera, que yo elegí no ver lo que estaba delante. He tenido que responder preguntas que no quería responder. Y he sentido vergüenza. Vergüenza al escucharme, al oír mi propia voz admitiendo cuánto tiempo estuve mirando hacia otro lado.
Este verano ha dolido de una forma que no esperaba. Recordar veranos pasados, los que fueron refugio cuando el invierno era demasiado largo y demasiado negro. Los que eran luz. Este año, los mismos recuerdos, la misma época, y sin embargo todo ha sido difícil de recordar.
Me aparté de alguien que venía a mí cuando necesitaba algo. Un libro, una respuesta, una solución, alguien que escuchara cuando dolía. Pero que no preguntaba cuando era yo quien necesitaba. Estuve siempre a su lado sin ser su familia, sin deber nada, solo porque quería.
Y desapareció.
Lo que perdí no fue a esa persona. Fue la versión de ella que yo había construido durante todos esos años. Y eso, a veces, duele más que perder a alguien real.
Ojalá alguien la quiera algún día como yo la quise. Y ojalá lo sepa reconocer. Espero que nunca necesite lo que yo te di.
Porque ya no está.
(Emma Rodríguez Puente, ojalá puedas descansar en paz allá donde estés)

