martes, 10 de marzo de 2026

No fue una ruptura. Fue una revelación

No era que no pudiera quedarse.
Era que no quería hacerlo del todo.

Yo sí me quedé.
Incluso cuando estaba cansada.
Incluso cuando no tenía fuerzas para nadie.

A ella le gustaba la parte cómoda de mí.
La que escucha.
La que sostiene.
La que está sin pedir demasiado.

Mientras yo era refugio, todo iba bien.
Cuando la amistad empezó a exigir presencia real,
cuando hubo que mirar hacia mí,
se fue.

Yo lo llamé amistad.
Porque aceptar que estaba sola en el vínculo
era más difícil.

Me adapté.
Bajé mis expectativas.
Normalicé su ausencia.
Me convencí de que “no era para tanto”.
Y sí, era para tanto.

Nadie aprende a cuidar porque tú cuides.
Nadie se vuelve presente porque tú lo seas.

Cuando dejé de estar disponible, desapareció.
No fue una sorpresa.
Fue una respuesta.

No la perdí.
Perdí la versión de mí que aceptaba una amistad
tan desigual.

No hay comentarios: