Ocupabas mucho: horas de mi tiempo y 5 gigas de memoria en el teléfono.
Conversaciones guardadas por si acaso. Fotos y vídeos que ya no veia pero que tampoco borraba. Audios que en su momento escuché tres veces seguidas y que ahora ni recuerdo de qué iban.
Un día lo borré todo. No fue un gesto dramático. Fue más parecido a vaciar el bolso y encontrar cosas que llevabas meses cargando sin saber por qué.
El teléfono fue más rápido una vez eliminado lo que sobraba. Yo, más libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario