Confieso que yo no perdono. Tampoco olvido.
No tengo esa virtud. Soy incapaz.
Lo he intentado. Me he dicho que soltar es de sabias, que cargar con el rencor solo me pesa a mí. Y es verdad. Pero saber algo y poder hacerlo son cosas distintas.
No perdono. Y tampoco vivo instalada en el rencor, aunque lo visite.
No quiero olvidar. Quiero recordar exactamente qué y quién me trajo hasta aquí.
Recuerdo.
Y elijo desde ahí.
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