Hay cosas que llevamos años diciéndonos que vamos a hacer: mejorar el inglés, hacer ejercicio de fuerza, comer menos procesados, llamar más a esa persona, ordenar eso que seguimos aplazando. Propósitos que no llegan a nada.
Pero si alguien nos falla, lo notamos. Lo recordamos. A veces lo guardamos. No somos tan tolerantes.
A nosotros siempre nos encontramos una justificación. No hubo tiempo. No fue el momento. Ya llegará. Con los demás el listón está más alto y la memoria más afilada.
No sé si eso nos hace hipócritas. Creo que nos hace humanos. Pero hay una diferencia entre entenderlo y instalarse en ello. Quizás poner más expectativas en el prójimo que en nosotros mismos no sea el camino.
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