El olfato es el sentido más ligado a la memoria.
Las hojas del limonero en casa de mis abuelos.
El anís de los freixós, el bizcocho en el horno.
El champú de alguien que fue importante, el jabón de alguien que aún lo es.
La colonia que durante años usé con las niñas y que me recuerda lo pequeñas que fueron.
Olores que vuelven y consuelan, que me devuelven a algún lugar seguro, a un instante feliz.
Y luego está esa loción. La que un día fue cotidiano respirar y que ahora me pone la piel de gallina. La que nunca jamás he querido volver a oler.
Hay olores que abrazan. Y hay olores que ahogan.
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