domingo, 17 de mayo de 2026

Sin subtítulos

Hace un tiempo Noah Higón escribió sobre una frase de Aitana Sánchez-Gijón. Algo sobre quiénes somos para juzgar vidas que no hemos habitado, cuerpos que no duelen en nuestra piel. Sobre tener que defender el dolor ante quien nunca lo ha sentido.

Me quedé con eso.

Yo, igual que Noah, tengo días de chándal y días de labio rojo. Días en que el cuerpo pesa y días en que casi lo olvido. Y durante mucho tiempo sentí que tenía que explicarlo, justificarlo, traducirlo a algo que los demás pudieran entender. Como si mi versión de estar bien no fuera suficiente sin un argumento detrás. Como si tuviera que pedir perdón por no encajar, por no rendir, por no fingir.

No soy como el resto. O no como el resto espera. Hay cosas que no se ven y que aun así ocupan mucho sitio. Hay un cansancio que no se cura durmiendo y una normalidad que no me queda a medida. Y no todo el mundo lo sabe acompañar. Algunos lo intentan. Otros esperan que desaparezca. Otros directamente no lo ven.

Aprendí a distinguirlos.

Nadie debería tener que defender su dolor, su descanso, su forma de estar en el mundo. Mi cansancio y mi silencio no necesitan subtítulos. Y mi dolor tampoco. Y mis días buenos no le deben nada a nadie.

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