El 11 de febrero escribí que tenía unas treinta entradas programadas. Pensé que con eso bastaría. Que no había mucho más que nombrar.
Llevo más de ciento cincuenta.
No fue un error de cálculo. Fue no saber, todavía, cuánto dolía y cuánto iba a costarme curar la herida para dejar la cicatriz al aire.
Ahora solamente quedan diecisiete.
Cuando se publiquen todas, solo serás un fantasma. Igual que antes, pero sin mi atención.