jueves, 16 de julio de 2026

Yo creí que tenía una amiga

Yo creí que tenía una amiga.

Creí que era de las que se quedan. De las que están cuando el día se tuerce, cuando necesitas que alguien coja el teléfono, cuando lo que pasa es demasiado para cargarlo sola. De las que no hace falta explicarles mucho porque ya saben.

Estuve equivocada.

No fue una traición de golpe. Fue un desengaño lento, de esos que se van acumulando en silencio hasta que un día haces las cuentas y los números no cuadran. Las veces que estuve y no estuviste. Las veces que di sin que nadie preguntara si me quedaba algo. Las veces que esperé algo que no llegó.

Treinta y cinco años no se dan por perdidos de golpe. Se van gastando.

Y llegó un momento en que me quedé sin fe. No sin cariño, que eso es más difícil de apagar. Sin fe en que las cosas fueran a cambiar. Sin ganas de volver a intentarlo. Sin fuerzas para recuperar algo que ya no reconocía.

Así que no me fui enfadada. Me fui cansada. Que es mucho más definitivo.

Ahora estoy en ese lugar donde lo que te pase ya no me roza. No lo busqué. Lo construyó el tiempo, a su ritmo, mientras yo miraba hacia otro lado esperando que algo cambiara.

No cambió.

Y yo ya no estoy.

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