Hay algo en el "visto" que no tiene vuelta atrás. No es que no haya llegado el mensaje. No es que no hayas tenido tiempo. Es que lo leíste, lo procesaste y decidiste que no merecía respuesta. O que yo no la merecía.
El visto no es una ausencia. Es una decisión.
Pero el "visto" se acumula. Y llega un momento en que ya no hay explicación que lo cubra. Porque el visto también habla. Y nada dice "no me importas" tan claramente como leer un mensaje y no contestar.
Me dejaste en visto y acabé por entender el mensaje. No el que yo te mandaba. El tuyo. El que me estabas enviando sin contestar.
Que no estabas.
Que no querías estar.
Que era más fácil ignorar que decirlo.
Me dejaste en visto dieciocho días.
Y te bloqueé.
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