lunes, 6 de julio de 2026

La apropiación terapéutica

 Hace poco vi un programa de televisión hablando de un término que no conocía: la apropiación terapéutica. Personas que dicen "hay que cuidarse", "poner límites", "ser vulnerable", que manejan todo el vocabulario del bienestar emocional, y que sin embargo se comportan de forma egoísta y manipuladora. Narcisistas disfrazados de gente trabajada.

No encontré el término en ningún manual de psicología. Pero sí encontré la idea, mucho antes de que existiera el nombre. Christopher Lasch ya advertía en los años setenta, en La cultura del narcisismo, que ciertos aspectos de la autorrealización y el autoconocimiento podían convertirse en formas sofisticadas de egocentrismo.

Y detrás de buena parte de este fenómeno hay algo muy concreto: el coaching, tal y como se practica hoy, no está regulado en España. Cualquiera puede hacer un curso de fin de semana y llamarse coach de vida, coach emocional, coach de lo que sea. No hace falta titulación, no hay colegio profesional, no hay control. Ha habido incluso condenas por intrusismo a coaches que se hicieron pasar por psicólogos. Son gurús de nada, con la autoridad que les da un certificado sin valor y un discurso bien aprendido.

Construir una frase vacía no cuesta nada. "Mereces brillar." "Tu energía atrae lo que vives." "El universo conspira a tu favor." Frases que no significan nada concreto pero que suenan profundas, y que funcionan precisamente porque no se pueden discutir. Construir un ejercicio absurdo tampoco cuesta nada: escribe tres cosas por las que estás agradecida, visualiza tu mejor versión, corta el cordón energético con quien te hace daño. Y con eso, con frases vacías y ejercicios sin sustancia, es asombrosamente fácil convertir a alguien en un monigote. Alguien que repite el guion sin cuestionarlo, que confunde obediencia con sanación, que deja de pensar por sí mismo porque ya hay un manual que le dice qué sentir y cuándo.

El margen entre cuidarse y convertirse en un narcisista, o directamente en un gilipollas, es más estrecho de lo que parece. Y se cruza fácil. Empieza con un "esto es lo que necesito ahora" y termina con un "y a los demás que les den". El autocuidado real no necesita explicarse todo el tiempo, ni venderse en un posfondo motivacional. El que lo necesita constantemente, normalmente, está vendiendo otra cosa: una versión de sí mismo que le permite no responsabilizarse de nada. Hablan de poner límites mientras pisan los de los demás. Hablan de responsabilidad afectiva mientras desaparecen sin avisar. El autocuidado, mal entendido, es el timo perfecto: parece virtud y es excusa.

He conocido gente que, tras pasar por multitud de coaches de todo tipo, ha convertido su vida en una farsa. Papeles llenos de ejercicios para construir la vida soñada, frases subrayadas, propósitos redactados con buena letra. Y debajo de todo eso, la misma función de siempre: justificar lo injustificable con vocabulario nuevo.

La pregunta que hacían en el programa era sencilla y certera: cuánta distancia hay entre lo que dice esa persona y lo que hace. Ahí está siempre la respuesta.

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