Llevo tiempo escribiendo sobre personas, sobre pérdidas, sobre cosas que dolieron. Y hace poco me di cuenta: si escribo sobre alguien, es que ya no me duele tanto como creía. Lo que realmente me duele no llega al papel. Se queda dentro, sin palabras, ocupando un sitio al que nadie puede entrar.
Mi escritura no miente. Soy yo la que mido sin darme cuenta.
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