
Entonces un día te das cuenta que ya no te importa.
Que ya no recuerdas ni su olor, ni sus besos, ni si abrazaba bien, mal o regular.
No te acuerdas del último mensaje que recibiste suyo y mucho menos de la última llamada.
Y te das cuenta de que no sólo no te importa sino que además te da igual no recordarlo.
Que ya no recuerdas ni su olor, ni sus besos, ni si abrazaba bien, mal o regular.
No te acuerdas del último mensaje que recibiste suyo y mucho menos de la última llamada.
Y te das cuenta de que no sólo no te importa sino que además te da igual no recordarlo.