lunes, 9 de febrero de 2026

Sin traducirme

Odio que me pregunten por qué estoy tan callada.
Como si el silencio fuera un síntoma, una falta, una anomalía que hubiera que corregir.

A veces callo porque estoy pensando.
Otras porque estoy cansada.
Y otras porque no quiero abrir la puerta de algo que no todos saben sostener.

Callo porque no siempre tengo ganas de traducirme.
Porque hay días en los que hablar pesa más que guardar silencio.

Y porque, aunque cueste entenderlo,
estar callada también es una forma de estar.

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