Hay discursos que no sirven para cuidar, sino para absolverse.
“No sé qué hice.”
“No voy a inventar una culpa.”
“Me disculpo por si alguna vez…”
“Querer no es insistir.”
“Respeto tu decisión.”
Palabras que suenan maduras,
pero evitan lo esencial:
mirar la propia parte.
No es honestidad.
Es una coartada emocional.
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