Todo ardió.
El suelo se quemó hasta la más absoluta negrura, hasta que no quedó nada vivo, profunda e irremediablemente.
Supiste que el fuego consumía todo… y no ayudaste a apagarlo: añadiste combustible.
Nada queda que salvar.
El suelo necesita tiempo para recuperarse.
Los expertos dicen que no es apto para volver a plantar lo mismo y que, si acaso, cualquier brote que surja será distinto.
Yo esperaré.
Aunque sé que hay cenizas que volaron para no volver.
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