lunes, 24 de agosto de 2026

Sin rendija

Hay personas a las que no se les vuelve a hablar jamás.

Así estén enfermas. Así sea su cumpleaños. Así atraviesen una pérdida o un momento difícil. Familiares, amigos, parejas. Hay puertas que cuando se cierran lo hacen para siempre. Sin llave, sin manilla, sin rendija por la que colarse.

Habrá quien diga que soy buena persona, generosa, que siempre estuve cuando me necesitaron. Y habrá quien diga que soy fría, arrogante, indiferente. Lo curioso es que probablemente ambos tengan razón. Porque cada quien conoció la versión de mí que se ganó, según cómo me trató. Si hay quien tuvo la primera y ahora solo encuentra la segunda, no es casualidad.

No puedo darle lo mismo a quien me cuidó que a quien me destruyó. No puedo tratar igual a quien respetó mis límites que a quien los pisó sin mirar. No puedo tender la mano a quien ya me la mordió.

Tener buen corazón no significa dejar la puerta abierta para siempre. Hay personas a las que se les desea lo mejor, pero desde lejos. Porque cerrar una puerta no es un acto de rencor. Es saber que quien ya demostró lo que hace cuando tiene acceso, no merece volver a tenerlo.

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