Fuiste tú quien me soltó la mano. Quien me dejó sola en el peor momento. Te fuiste alejando, paso a paso, dejándome atrás y acordándote de mí solo cuando algo te dolía. Te fuiste haciendo pequeña en la distancia y un día, al volver, yo ya no estaba en el mismo lugar. Ya no te esperaba. Tus cosas importantes ya no eran importantes para mí.
Hace meses que te enterré. Cuando te fuiste dejándome sola en el camino preferí pensar que habías muerto a que tu vida continuaba. Que siguieras ahí, en silencio, en algún sitio, mientras yo te había dicho que atravesaba algo devastador, era más doloroso que tu muerte.
Es más fácil así.
Descansa en paz, ERP.